Cero tolerancia

No más violencia escolar

Por: Ramón Valdés Elizondo (*)

Los términos absolutos por lo general denotan autoritarismo. El apotegma o sentencia que dicta “Si no estás conmigo, estás contra mí” es tan sólo la muestra de los extremos irreflexivos. Como muchos escritores, las sentencias escleróticas e irreductibles me provocan rebeldía inmediata.

Pero como todo en la vida, también existen absolutos que tienen un lado luminoso. Me costó reconocerlo pero ante ciertas circunstancias la tolerancia cero puede ser válida y, no sólo eso, puede ser necesaria y benéfica.

El puro planteamiento me resulta rasposo, casi indigesto, pero el acoso escolar debe ser combatido de esta manera: sin ninguna tolerancia.

Las leyes contra el “bullying” tienen la gran posibilidad de terminar siendo letra muerta si no se pavimenta su aplicación directa en las escuelas, si no se apoya con programas dotados de eso que el gobierno nunca tiene “dinero”.

Dudo que haya una persona que no coincida con que la raíz de la violencia se gesta en el seno familiar, pero también estaremos de acuerdo con que la misma violencia se alimenta y desarrolla en la calle (o en la escuela).

A esto debemos aunar la idiosincrasia mexicana en torno a la autoridad. Tenemos que aceptarlo, nos hemos vuelto díscolos y burlones hacia nuestras autoridades, pero somos sumisos y ejemplo de buen comportamiento ante autoridades ajenas, ¿por qué? Supongo que por la estricta aplicación de la ley.

Mientras las normas en México sigan a merced del interés electoral, la popularidad y el chantaje, su aplicación será laxa y abúlica, por lo tanto, la sociedad se desarrollará como hierba en el monte. Lo mismo sucede en las escuelas, mientras las escuelas estén dirigidas por servidores públicos o maestros sin preparación ni respeto por su profesión, la ley del monte, o de la selva o de la jungla seguirá prevaleciendo y formando a los futuros mexicanos.

La tolerancia cero a la violencia en las escuelas debe ser entendida como el conjunto de normas y programas estructurados, a fin de que reconquistemos las aulas, el orden y la salud mental de nuestros niños; es decir, recuperar las risas alegres e inocentes y desterrar las perversas.

El tema es trascendente y debe ocuparnos (preocuparnos ya lo hemos hecho mucho y no sirve de nada). Es importante que se prohíba y concientice que nada tiene de gracioso meterle la cabeza a un compañero en un escusado; que llamarle perra o zorra a una compañera no es “cool”, sino denigrante; que los adultos mayores no son momias estorbosas; o que los padres no son cuates que sólo sirven para proveer pero a los que no se les debe ningún respeto.

De seguir permitiendo esta conducta, ¿con qué respeto crecerán nuestros niños por la autoridad (la pública, la laboral, la familiar, la religiosa, la personal)?

Sin que estemos muy conscientes, debemos entender que estamos sembrando las flores del anarquismo, y no me refiero a la corriente ingenua que creía en la bondad del hombre, me refiero al anarquismo que usa las manifestaciones como instrumento de liberación de frustración y violencia, al que es indiferente a la desgracia ajena, insensible ante la miseria. Al que mata por diversión, al que delinque por comodidad, al que corrompe por eficiencia, en fin…

Postada ciudadana

Si ha sido presa de mis digresiones o quizá de mis dispersiones, le ofrezco una disculpa, así sucede ante la carencia retórica, pero sobre todo, ante las ganas de decir tanto que a veces el papel no alcanza.- Mérida, Yucatán.

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Ramon Valdes escritor & pintor

@ram_valdes

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*) Escritor

Las leyes contra el “bullying” tienen la gran posibilidad de terminar siendo letra muerta si nose pavimenta su aplicación directa…




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