Celebrar a la mujer

El “derecho” a abortar

Rosamaría González Romero

En este marzo en que se celebra el Día Internacional de la Mujer encontramos en la prensa escrita y la cibernética una variedad de artículos e informaciones festejando los logros en materia de los derechos de la mujer, que han sido conquistados en Yucatán, en nuestro país y en el mundo.

Y claro que hay motivos para festejar con orgullo que las mujeres avancemos -poco a poco- en el reconocimiento de nuestros derechos y en las oportunidades de estar presentes y de manera destacada en espacios de la política, la economía, el arte, el deporte, el periodismo. Felicitémonos las mujeres y celebrémonos por lo positivo que se ha alcanzado. Pero no nos sintamos orgullosas, en absoluto, ni consideremos como una conquista el derecho a abortar. Es una incongruencia relacionar los derechos humanos con el derecho a abortar. Es una trampa en nuestro pensamiento.

Aunque como mujer puedo llegar a entender que hay circunstancias que empujan a las mujeres a tomar la decisión de abortar un hijo, la pobreza, la enfermedad, que sea producto de un abuso o que no haya sido planeado. Sin embargo, que sea comprensible no significa que el hecho de quitar la vida a un hijo se vuelva admisible en automático. Ésa es la trampa en el pensamiento en la que hemos estado cayendo y hay que echar marcha atrás, por ética y por justicia.

Pienso que las mujeres en vez de enorgullecernos por las leyes abortivas que hay, mejor sintamos vergüenza y dejemos que fluya la tristeza que irremediablemente ha de tocar nuestro corazón.

Admitamos que abortar es quitar la vida al ser humano más indefenso que puede haber. Por salud mental no juguemos con el lenguaje: cuando se “interrumpe el embarazo”, se está provocando la muerte de un ser humano vivo. Y hablo de salud mental pues hay cantidad de estudios psicológicos no “mochos” que muestran las afectaciones permanentes que se presentan en la vida de las mujeres que abortan.

En materia de psicología familiar en su vertiente transgeneracional, se encuentran estudios fenomenológicos que documentan cómo algunas conductas autodestructivas de algún hijo hasta el extremo del suicidio pueden estar originadas por el hecho de que haya habido en esa familia uno o varios abortos. Es decir, existe relación directa entre el aborto de un hermano y la conducta autodestructiva del “sobreviviente”.

Se ha documentado en los trabajos del genial terapeuta alemán octogenario Bert Hellinger que los abortos provocados en el interior de las familias tienen repercusiones psicológicas similares a las que suceden cuando en el sistema familiar se han perpetrado asesinatos por alguno de sus miembros.

Ojalá que en este mes de marzo en el que la mujeres celebramos nuestros logros en la vida personal y social nos tomemos tiempo para reflexionar acerca de las leyes abortivas y de las graves consecuencias que están acarreando en nuestras sociedades, cada vez más violentas. Solidaricémonos pero en serio con las mujeres, con todas, empezando con esas pequeñitas que están aún en el vientre de su mamá y que tienen derecho a la vida. El derecho humano por antonomasia. ¡Felicidades a todas las mujeres, especialmente a mi madre!- Mérida, Yucatán.

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*) Escritora

Que sea comprensible no significa que el hecho de quitar lavida a un hijo sevuelva admisibleen automático…



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