Calendario y vacaciones

Por Marcelo Pérez Rodríguez

Durante mucho tiempo padres de familia, maestros, comercios, alumnos y autoridades se acostumbraron a tener completos dos meses de vacaciones, julio y agosto, al término del ciclo escolar, pues las actividades escolares iniciaban el segundo día de septiembre, ya que el 1 estaba reservado para el Informe Presidencial.

Niños y padres de familia disfrutaban más tiempo de convivencia en la playa, en la casa o en otros lugares de recreación, y los mentores retornaban sin tanta presión al trabajo educativo. Pero al recortarse paulatinamente el periodo vacacional los profesores comenzaron solamente a disfrutar cuatro semanas de receso, ya no se le llamó para ellos vacaciones, y comenzaron a tener cursos en el mes de agosto, muchos de éstos al vapor y como relleno, y retornar a las clases los últimos días de este mes.

Tener más días de clases no significa que la calidad educativa aumentará o que los alumnos tendrán mejor aprendizaje. No es atiborrar de días en el calendario escolar como se logran los avances educativos; si no existe un trabajo productivo en las aulas y las escuelas carecen de apoyos adecuados para que los niños y adolescentes trabajen en condiciones seguras y agradables.

Tampoco es recortar arbitrariamente el calendario escolar sin comprometerse a realizar un trabajo de calidad en las aulas ni que los padres se olviden de apoyar a los hijos y de sus avances educativos. Aquí habría una responsabilidad de todos si se busca ampliar el periodo vacacional.

Es el sector empresarial quien primero levanta la voz y solicita a las autoridades correspondientes ampliar las vacaciones de verano, julio y agosto, con el fin de mejorar la economía en la costa, fortalecer la relación de las familias en este amplio periodo vacacional y ampliar el tiempo de trabajo de muchas personas. Esta solicitud, como es natural, no va a satisfacer a todos, pero sí es importante conjuntar los diversos intereses y con las opiniones de muchos ir conformando una iniciativa que beneficie a la mayoría de los yucatecos.

En la realidad educativa, a mediados de junio los niños y mentores ya están desesperados por terminar el ciclo escolar. Ya los pequeños, con la autorización de las autoridades educativas, presentan sus trabajos y evaluaciones finales y los profesores llenando boletas y turnando a las autoridades las estadísticas finales. Por tanto, el ciclo escolar “real” termina en la primera quincena de junio, luego los últimos días de este mes y las dos semanas de julio se convierten en un calvario para todos: no hay actividad escolar regular, los pequeños van un día sí y dos no, algunos ensayan bailables para la clausura y se entregan calificaciones. Hay pérdida de tiempo y aburrimiento.

Si hay un compromiso de laborar de septiembre a junio en forma efectiva entre alumnos y profesores, sin tantos puentes y evitando inasistencias, y los padres de familia están pendientes para conocer los avances de los hijos y apoyarlos durante los 10 meses de actividades escolares, y en los dos meses de vacaciones convivir con ellos y estimularlos para leer y fortalecer sus debilidades, entonces no habría tantas preocupaciones si se amplía el periodo vacacional.

Si ya está la petición del sector empresarial en la entidad es necesario conocer la opinión de otros sectores, grupos y ciudadanos en general sobre la ampliación de este periodo vacacional. Así se buscarían las coincidencias y conjuntar los intereses para buscar una solución que satisfaga a todos o a la mayoría. La convivencia en la familia, ir al teatro, al cine, a los museos y conocer otros lugares y su propia comunidad y estado en ese periodo sería más productivo para todos que perder el tiempo maestros y alumnos los últimos días de junio y las dos semanas de julio, como sucede en la actualidad.- Mérida, Yucatán.

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*) Profesor de la UPN




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