Bajo el ataque de la canalla

Periodismo perseguido

Eduardo R. Huchim May (*)

Hubo tiempos en que el periodismo estaba casi vedado a la mujer en México. Debe haber sido en los sesentas cuando el género femenino comenzó a ser aceptado en las redacciones de los diarios, que en esa época eran los más influyentes medios de comunicación. Si bien al principio se les confinó a la sección de lo que entonces se conocía como “sociales” —bodas, bautizos, fiestas de 15 años y similares—, en cuanto tuvieron oportunidad las reporteras probaron que podían hacer otras cosas, incluso la cobertura de conflictos bélicos, y en la actualidad no hay especialidad periodística que les sea ajena.

Lamentablemente, las mujeres periodistas también han tenido que afrontar los riesgos que en México han acompañado al ejercicio periodístico: presiones, difamaciones, demandas judiciales, persecución e incluso asesinato, como en el caso doloroso de Regina Martínez en Veracruz. Entre las perseguidas figuran Anabel Hernández y Ana Lilia Pérez, quien ha tenido que salir del país. Y entre las amenazadas está Balbina Flores, corresponsal de la organización internacional Reporteros Sin Fronteras y colaboradora de la revista Zócalo.

Otra periodista y también académica, Denise Dresser, ha tenido que lidiar con los intentos de intimidación del diputado Manlio Fabio Beltrones, y hace un par de semanas saltó al conocimiento público la campaña para desprestigiar a otra valiente periodista, Carmen Aristegui, quien desde su espacio radiofónico en MVS ha hecho graves revelaciones en materia de corrupción política, de delincuencia organizada y de pederastia clerical, además de darle puntual seguimiento a casos vinculados con Televisa.

Una de las primeras manifestaciones de la campaña difamatoria, que comenzó hace unos seis meses, fue la negociación entre una universidad de Cancún y un falso representante de la periodista para la realización de una conferencia.

El engaño fue detectado y aclarado a tiempo y hubo quienes pensamos que podía deberse a un caso de suplantación semejante al que padeció el recientemente fallecido Gabriel García Márquez, gloria de las letras universales, como él mismo lo narró (Proceso 1955, 20/04/14). Sin excluir esta posibilidad, las cosas tomaron rumbos agravados y agraviantes.

Como la misma periodista relató el viernes 25 de abril, la campaña difamatoria ha incluido una serie de hechos que suponen una costosa orquestación, entre ellos el reparto de volantes en Polanco, con textos sobre supuestas negociaciones con Morena, el partido en formación encabezado por Andrés Manuel López Obrador y Martí Batres Guadarrama, lo cual implica un agravio también para Morena, porque en los impresos se dice que vendería una candidatura a Carlos Slim, para Aristegui. La calumnia cae por su propio peso, porque es evidente que si Carmen quisiera una candidatura, casi todos los partidos se la darían gustosamente.

Otras agresiones: a) la acción de los bots, como se les llama a quienes se dedican a denostar en las redes sociales a figuras públicas que no son gratas a sus jefes; b) llamadas telefónicas de madrugada a cientos de personas para promover supuestamente el noticiario de la primera emisión de MVS; y c) reparto de despensas, en nombre de la periodista, entre damnificados de Guerrero.

No se sabe quién paga esa campaña de desprestigio, pero resulta perogrullesco concluir que proviene de alguno o algunos de los afectados por el valeroso trabajo de Aristegui, que incluye el caso de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, el de la red financiera priista con tarjetas Monex y el divorcio entre la Constitución y las iniciativas presidenciales sobre telecomunicaciones.

Para el ciudadano común y para los periodistas no es fácil detectar a los orquestadores de esa costosa campaña, pero el que seguramente puede hacerlo es el gobierno federal, que no debiera sentirse ajeno a las agresiones contra las periodistas y más si provienen de la canalla que actúa en las sombras. Varios de los casos apuntados —evidentemente el de Aristegui—, podrían ser fácilmente frenados por el gobierno de Enrique Peña Nieto si quisiera. Pero… ¿quiere?— México, Distrito Federal.

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@EduardoRHuchim
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*) Periodista




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