Aventura agrícola

Época que no volverá

Autor: Roger Antonio González Herrera (*)

¿Está bien fundamentado el plan gubernamental para revivir la época de esplendor del llamado “oro verde” de Yucatán o sólo son sueños guajiros? ¿Cuál es la estrategia para atraer inversionistas en un proyecto de gobierno cuyos primeros beneficios económicos llegarán luego de cinco años de sembrar? ¿De qué vivirán los campesinos a lo largo de cinco años en los que tendrán que dar mantenimiento a sus cultivos? ¿Cómo atraerán a los jóvenes del centro del Estado a esta aventura agrícola cuando no ha existido un relevo generacional en dicha actividad porque los jóvenes buscan otras opciones de empleo y no se visualizan como sus abuelos, desyerbando bajo las pencas filosas del henequén? Estas preguntas surgen a raíz del anuncio del gobierno federal de impulsar un plan de rescate del henequén (Diario de Yucatán, 6 de agosto de 2014).

El henequén se desarrolló en Yucatán bajo un sistema de semiesclavitud. En la obra “México Bárbaro” su autor, John Kenneth Turner, nos recrea la vida en las haciendas henequeneras y la forma como los hacendados mantenían en la ignorancia y en la pobreza a los campesinos, quienes realizaban extenuantes jornadas laborales y recibían severos castigos físicos.

El pasado no se puede negar, pero no se puede repetir en Yucatán pues no existen las condiciones para eso. No obstante, en otros países que compiten en el mercado de las fibras, como China y Brasil, aún se mantienen condiciones laborales desventajosas para el trabajador y, por consiguiente, ofrecen mejores precios. Para ejemplificar lo anterior, cito una publicación del Diario de Yucatán del 13 de noviembre de 2012 titulada “El henequén en agonía”: “De acuerdo con estadísticas de la FAO, la producción mundial de sisal y henequén es de 300 mil toneladas anuales, de las cuales Brasil produce 120,000 (40%) y China 60,000 (20%). México sólo cosecha 4,266 toneladas anuales, nada comparado con las 160,000 que producía en 1960. ‘México está en retirada y nosotros en ascenso’, dice Tal Ching representante en México de la empresa Dongfang Sisal. Una muestra, añade, es que México, principalmente la industria henequenera instalada en Yucatán, está comprando hilados y tejidos de henequén fabricados en China. En 2011, explica, las fábricas de ese país vendieron 32 toneladas de ese producto a México, equivalentes al 54% de todas las importaciones de ese material, que es de mejor calidad y más barato que el que se produce en Yucatán, según Tal Ching”.

A menos que el cultivo del henequén se tecnifique y se bajen los costos de producción, no veo cómo los yucatecos podamos competir con esos países. En el plan presentado por la Sagarpa no se mencionan nuevas tecnologías o sistemas de cultivo innovadores que faciliten y optimicen el trabajo.

Pero la pregunta más importante es: ¿Se justifica una millonaria inversión en el henequén cuando existen otros cultivos y otras actividades que en menor tiempo pueden generar mayores beneficios a los campesinos? Actividades como la horticultura, el chile habanero, la producción de cultivos en invernaderos y bajo sistemas hidropónicos o la ganadería intensiva apoyada con nuevos pastos y plantas forrajeras, pueden ser mejor opción para los jóvenes que egresan de los tecnológicos con carreras agropecuarias.

Quizá el nuevo plan de impulso al henequén en Yucatán encuentre eco en los pequeños propietarios, con superficies arriba de las 10 hectáreas, y en inversionistas que estén dispuestos a dejar asentado su dinero unos cinco años pasando por alto las incertidumbres del mercado.- Mérida, Yucatán.

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@rogergonzalezh

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*) Profesor




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