Año nuevo, sueños nuevos

Reflexiones penitenciarias

Alberto López Vadillo (*)

Se inicia un nuevo año; es el momento, según la tradición, de establecer objetivos y propósitos para ir cumpliendo conforme éste transcurra. Sin embargo, descubrimos que algunos son los mismos de siempre, propósitos que más que cosas concretas son sueños e ilusiones que difícilmente lograremos, pero que a partir de repetir las viejas y gastadas, pero por alguna razón aún vigentes frases nos convencemos de que todo es posible; es así que bajo las expresiones como: “El que quiere puede”, “Si las cosas que valen la pena se hicieran fácilmente” o “Si lo puedes soñar lo puedes hacer”, se justifica cualquier propósito por disparatado que se escuche.

Aquí, en el Centro de Reinserción Social, de la misma manera, cada interno establece sus propósitos y deseos; hace unos días, en una sesión terapéutica hablábamos de ello. La reflexión era: cómo se establece un buen propósito de año nuevo, qué cosas debe tener para garantizar que sea realizable y no el motivo de una profunda frustración al término del año, por no haberlo alcanzado.

“El Negro” comenzó la sesión:

“Pienso que un buen propósito de año nuevo tiene que establecer claramente lo que queremos alcanzar; no se trata de decir que quiero bajar de peso, sino cuánto quiero bajar o pensar en que quiero pagar todas mis deudas, más bien pensar en las cosas concretas que haré para pagarlas”. Todos asintieron con la cabeza.

“Ahí está la primera regla de un buen propósito, que lo establezcamos con claridad”¨, les dije.

Tomó la palabra “El Capi”: “A mí me parece que, como decía Benedetti, un propósito debe llevar los profundos deseos de nuestro corazón, debe ser algo por lo cual estemos dispuestos a entregarlo todo, a dejar cada parte de nuestro ser para hacer que se cumpla”, de inmediato se dejaron escuchar los silbidos y trompetillas contra el pobre viejo.

“¡Ya vas a empezar con tus bobadas, estamos hablando en serio, viejo!, ya estás chocheando”, fueron las expresiones del respetable que definitivamente no estaban de acuerdo con la idea del “Capi”.

En su defensa entro “Calaca”, un tipo flaco de ojos hundidos que, cuando te veía, la verdad daba miedo: “A mí me gusta lo que dices; si las cosas que nos proponemos las hacemos sin ganas, sencillamente nunca las lograremos, nos tienen que producir un hueco aquí en el estómago o una opresión en el pecho, me parece que se le llama ‘pasión’”.

“Pues ahí tenemos nuestra segunda característica de un buen propósito”, entré a mediar entre estos hombres rudos, a quienes las palabras lindas o poéticas les producían urticaria, “porque entonces podemos decir que si a las cosas no les ponemos ganas (dije otra palabra, pero por cuestiones editoriales y de respeto no la puedo poner aquí), entonces simplemente no las lograremos”.

Con esta traducción un poco soez de lo que había dicho “Capi”, logramos la aprobación de todos.

“Yo tengo una característica mas”, intervino ahora “Chivo”, “un buen propósito debe responder la pregunta ¿para qué? Debe haber una poderosa razón por la cual quiero realizar éste o aquel propósito, porque además nos debe quedar muy claro, ¿para qué quiero bajar de peso?, ¿para qué quiero ahorrar? o ¿para qué quiero ser más tolerante, o paciente, o amoroso o lo que fuese?; esto es lo que hará que cuando estemos decayendo en nuestro intento, lo recordemos y nos impulse a continuar hasta lograr alcanzarlo, ¿no creen?”. El “Chivo” arrancó aplausos de los compañeros, había sido una excelente reflexión de esas que no necesitan más argumentos.

Dije: “Ahí está claramente nuestra tercera característica”.

Finalmente, después de algunos comentarios que repetían lo de sus compañeros, “Morsa”, que casi no había participado, dijo: “Pedir ayuda a los demás debe ser una característica de un buen propósito; hacerlo solo siempre será más complicado y nos dará menos garantía de éxito, que si lo hacemos con la ayuda de alguien”.

“‘Morsa’ nos dio el punto que faltaba, porque lograr nuestros sueños, alcanzar nuestras metas y llegar a los objetivos planteados siempre lo hacemos para alguien más, así que justo es que nos apoyemos en los demás para conseguirlo”, comenté para finalizar el ejercicio.

Con esta metodología rústica y doméstica, cada interno que participó en este ejercicio estableció sus propósitos y ahora, si nos lo permiten, aprovechamos para compartirlo con ustedes y que hagan también los suyos.

Para concluir, les comparto el mío estimados lectores, utilizando las características que aquí trabajamos. Mi propósito para este año es consolidar la fundación penitenciaria “El camino que va de regreso”; es algo que me produce pasión, lo quiero hacer para ayudar a personas que están un tanto olvidadas y porque es una causa poco popular, nos estamos ayudando con la venta de mis libros, si no lo tienes y quisieras adquirirlo para apoyar mi propósito, llama al 999-257-1630, con el señor Luis López. Que tengan en excelente, saludable y próspero 2014… Que así sea…- Mérida, Yucatán.

[email protected]

—–

*) Psicólogo. Interno del Cereso meridano




Volver arriba