Angeles sin hogar: nos niños que necesitan una familia

Por Silvia LORET DE MOLA

Siendo periodista mi padre, en 1949, un médico en la ciudad de México le informó a mi mamá que no podría tener hijos. Ellos, después de meditarlo profundamente, decidieron adoptar un niño y se dan a la tarea de buscar cuál sería el lugar más adecuado.

Y finalmente se deciden por un orfanato dirigido por unas religiosas del Sagrado Corazón de Jesús.

El 25 de diciembre de ese mismo año les comunicaron que el niño había llegado la noche anterior. Llevaba por nombre Jesús. De inmediato y sin pensarlo fueron por él, llenos de amor por un niño que no habían visto aún.

Cuidaron de Chuchito. Que así le llamaban, con veneración durante un año, era la luz del hogar de mis padres. Un día el pequeño enfermó. Tenía cáncer en un ojo y hubo que extirpárselo. Fue una agonía para mi mamá, quien a diario en aquella cuenca vacía tenía que hacer curaciones tres veces al día.

Poco tiempo después el cáncer había avanzado, y por más esfuerzos que se hicieron el niño murió en los brazos de mi mamá. A este suceso le siguieron dolor y agonía, tiempos de llanto y dolor. Más en el corazón de ambos imperaba el sentimiento de que ese niño, Chuchito, en su corta vida había recibido la calidez de un hogar, el amor de un padre y una madre. Más adelante mis padres lograrían formar una familia con 5 hijos, a los cuales nos inculcaron siempre el amor por Chuchito.

En Yucatán existen hoy múltiples albergues, ya que los servicios médicos son numerosos, y cubren varios estados del sureste de la República. En ellos se atienden diferentes necesidades que van desde los familiares de pacientes en los hospitales O´Horan y HRAE, hasta el más cruel de los actos, niños y niñas abusados y olvidados, enfermos y no deseados.

Estos pequeños van a dar a dichos albergues, viven de la caridad (donativos) de particulares. En muchas ocasiones el problema de la alimentación está resuelto, más para una vida medianamente decorosa hace falta luz, gas, agua, educación y vestido.

Se hace mucho y existe una pequeña ayuda gubernamental para estos centros, pero todavía falta. Las necesidades son cada día más porque este es un problema creciente en nuestro entorno. Hay que poner más atención a dichos centros y hay que dar hasta que duela como bien decía la Madre Teresa de Calcuta.

Las dificultades que existen para una adopción, las exigencias legales para dar a estos pequeños, hacen que pasen meses y hasta años antes de que tengan un hogar.

Y cuando no hay nadie que los adopte, las posibilidades de una vida sana son casi nulas. Las niñas se prostituyen y los varones acaban normalmente en centros de readaptación. Las adolescentes pueden llegar a quedar embarazadas teniendo nuevamente un hijo no deseado. El círculo no se rompe.

Debemos poner más énfasis en este problema, no ignoremos esto como si no existiera, nos hemos deshumanizado a tal grado que somos indiferentes al abandono de estos niños.

Hay muchos Chuchitos en el mundo en espera de un hogar, en espera de una mamá y un papá, en espera de un abrazo y de personas de buena voluntad que los ayuden en sus necesidades.

Hagamos a un lado nuestro egoísmo y veamos en cada uno de estos niños una persona que puede llegar a ser un gran hombre o una gran mujer, un niño feliz, un niño que hoy solo pide al cielo una mamá y un papá.- Mérida, Yucatán.

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*) Escritora




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