Ampliación de vacaciones

Ampliación de vacaciones

Por Freddy Espadas Sosa

El Consejo Coordinador Empresarial ha insistido nuevamente en la conveniencia de ampliar el periodo vacacional escolar, destinándole íntegros los meses de julio y agosto. Los empresarios reiteran que el principal objetivo que persigue su petición es reactivar las actividades económicas de la costa yucateca y beneficiar a un mayor número de familias involucradas en las mismas (D. de Y., 11 de junio, Local, p. 12).

Los capitalistas proponen que para ampliar el periodo vacacional se aumente una hora diaria más de clases durante el ciclo escolar, lo cual generaría 40 días adicionales, haciendo más efectivo el aprovechamiento escolar con un mayor número de horas por cada jornada áulica. Me parece que ésta es una propuesta bastante razonable y factible.

Por su parte, el doctor Raúl Godoy Montañez, secretario estatal de Educación, ha venido esquivando el tema mediante diversos subterfugios o bien señalando que es un asunto que le compete a las autoridades federales del ramo, cuando ya el mismo Emilio Chuayffet ha dejado en claro que los ajustes al calendario escolar es atribución de las entidades federativas (D. de Y., 17 de junio, Local, p. 3).

Antes de pronunciarme en torno a este importante asunto, debo recordar que durante muchos años los meses de julio y agosto estuvieron dedicados al disfrute de las vacaciones. Paradójicamente, puede afirmarse que quienes estudiamos en aquellos tiempos aprendimos muchas cosas más, en comparación con los bajos niveles de logros académicos que arrojan las evaluaciones aplicadas a los alumnos durante la última década.

En mi opinión, creo que no debe desecharse así nomás la reiterada solicitud del empresariado; sostenemos que es posible realizar los cambios propuestos pues el marco normativo vigente le otorga a los Estados la facultad para hacer las adecuaciones al calendario escolar en función de las características y necesidades locales sin descuidar, desde luego, el número de horas-clase que se establecen a nivel nacional.

Sin embargo, el problema no es tan simple como lo plantean los capitanes del dinero. Me explico enseguida. La reactivación de la economía costera requiere que exista una renovada capacidad adquisitiva de las familias para desplazarse a los puertos yucatecos y consumir los bienes y servicios que en ellos se brindan, dinamizándose así una suerte de turismo popular de gran dimensión.

Pero ante la precariedad económica que pulsa la mayoría de las familias populares, cabe entonces preguntar: ¿qué incentivos ofrecerán los empresarios para favorecer el disfrute recreativo de los padres de familia y sus hijos durante el ampliado periodo vacacional, en caso de concederse?

Sería necesario y hasta loable que los bien intencionados capitalistas -cuya mayoría se caracteriza por pagar salarios de hambre a sus trabajadores- otorguen bonos y vales económicos que puedan ser utilizables en los puertos del Estado y en esta misma capital, a fin de contribuir a elevar el consumo de las familias durante las vacaciones de verano.

Por otro aspecto, es sabido que actualmente en muchas familias trabajan ambos cónyuges, por lo que la dilatada presencia de los hijos en la casa constituye un factor de fuerte presión emocional, dado que no pueden darles la atención que requieren, y seguírselos encargando a los abuelos o tíos tampoco es una solución al asunto.

Con base en lo anterior, es del todo recomendable que el gobierno estatal reactive el programa Baxal Paal, que funcionó con gran impacto social durante varios años y cuya abrupta suspensión resulta inexplicable. Con esta medida y otras acciones de acceso gratuito o de muy bajo costo -como la planeación de diversos eventos recreativos y la organización de excursiones educativas-, miles y miles de niños y adolescentes podrán felizmente involucrarse en actividades donde se combinen la diversión, el juego y la formación educativa. Los ayuntamientos pueden colaborar con creces en estas ingentes tareas de apoyo al periodo vacacional.

De igual forma, no cabe descuidar la atención que merece el magisterio, por lo que deberán establecerse espacios y programas para que los profesores y sus familias puedan descansar y resarcirse de la ardua labor que realizan a lo largo del ciclo escolar.

Finalmente, demandamos del Ejecutivo estatal la realización de consultas con los maestros, padres de familia, directivos de escuela y otros actores sociales, a fin de buscar un consenso sobre la modificación del calendario escolar y la consecuente ampliación del periodo vacacional. No debe darse carpetazo con un simple “No se puede” a un planteamiento que tiene alta relevancia para la comunidad educativa y para la convivencia social en general. Veremos.- Mérida, Yucatán.

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*) Doctor en Educación, catedrático y ex director de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán. Integrante del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt




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