¿Amar lo que se hace o hacer lo que se ama?

*Por Gabriela Soberanis Madrid

[email protected]

Nadie alcanza la excelencia en un oficio que no ama.” – Anónimo

Muchas veces me pregunto por qué la gente suele empezar la semana o los días laborales más con un sentido de resignación y pesar, que con un sentido de entusiasmo e inspiración. ¿Es que no disfrutan su trabajo? ¿Desearían estar haciendo algo diferente? ¿Tienen sueños sin cumplir y más obligaciones qué atender? Bueno, una cosa es cierta, nuestros días están más llenos de actividades obligatorias y rutinarias y menos de aquellas que nos ofrecen satisfacción y gozo.

Las estadísticas revelan que el 75% de los mexicanos no disfrutan de su trabajo. Disculpen, pero la cifra es alarmante: ¡75 por ciento! La gente se está enfermando por estar en un trabajo que no disfrutan: sufren de depresión, de ansiedad y de todo tipo de enfermedades psicosomáticas a causa del descontento con la profesión que ejercen. Es más, los mismos estudios arrojan que las personas suelen sufrir ataques al corazón los lunes por la mañana, más que cualquier otro día de la semana. ¿Qué nos dice esto?

En principio, que para la gran mayoría de la gente se ha convertido en un verdadero desafío levantarse cada mañana y afrontar las responsabilidades diarias. Nuestros días están plagados de cosas que “debemos hacer”, “necesitamos hacer” o “tenemos que hacer”. Vemos muchísima gente atascada en trabajos que no disfrutan y que no contribuyen a su bienestar integral, sino por el contrario, que drenan su energía y su entusiasmo y que los conducen a la falsa idea de que “algún día podré dedicarme a lo que quiero”. Y es que esta frase tiene múltiples variantes que van desde algo tan simple como “en las próximas vacaciones me dedicaré a ese pasatiempo que tanto me gusta” pasando por “cuando mis hijos ya sean independientes podré empezar a hacer algunas de las cosas que siempre he querido” hasta “estoy esperando a jubilarme para disponer del tiempo suficiente y hacer lo que realmente amo”. Entonces la vida se nos va en poner excusas para convertir nuestros sueños en realidad y quedamos atrapados en la ilusión de completar ciertas cosas o alcanzar una edad específica antes de empezar a hacer lo que amamos.

Lo que muchos ignoramos es que esos “sueños” que tenemos provienen de lo más profundo de nuestro ser y se manifiestan a través de nuestras capacidades innatas. No deberíamos desdeñarlos. Cuando nos gusta hacer algo y tenemos facilidad para ello, generalmente es porque se trata de un talento natural. Todos hemos sido dotados de alguna virtud (o algunas) y podemos reconocerla (s) cuando deseamos hacer aquello para lo que somos buenos porque nos genera gozo y satisfacción, porque no exige tanto de nosotros. Pero muchos, a muy temprana edad, dejamos de escuchar la sabiduría de nuestra intuición y voz interior, y muy pronto renunciamos a nuestros más profundos deseos para comenzar a llenarnos de obligaciones – la mayoría innecesarias – y así, convertirnos en esclavos de trabajos y oficios para los que ni somos tan buenos, ni nos gusta.

Creo que muchas personas simplemente no creen en el gran poder que existe en cada ser humano para crear. Y cuando hablo de crear, me refiero específicamente a crear la vida que deseamos para nosotros. Aunque no todos compartan esta idea, basta mirar a nuestro alrededor para constatar que la mayoría de la gente que goza de un éxito auténtico es gente que hace lo que ama hacer. No se trata de gente con vidas perfectas o libres de problemas, se trata de gente que ha sido disciplinada y apasionada en la búsqueda de su autorrealización. Personas que no se conforman con lo que tienen, pero que son capaces de agradecer el presente para crear el puente hacia un futuro prometedor.

Todos y cada uno de nosotros tenemos la opción de seguir postergando nuestros sueños o de hacerlos realidad. El secreto está en descubrir cuáles son nuestros talentos, qué es lo que amamos hacer y empezar a hacerlo. Desde luego, no se trata de hacer algo irracional como simplemente dejar nuestro trabajo actual para aventurarnos a hacer lo que siempre hemos querido. No se trata de brincar al vacío para ir en la búsqueda de eso que anhelas, sino de descubrir cuál es tu sueño y lo que amas hacer, al mismo tiempo que exploras las bondades de lo que haces en el presente.

La verdad es que no es fácil reconocer “lo que amas”. Hay cosas que hacemos que nos hacen pensar “caray, podría hacer esto toda la vida”, pero eso no significa que se trata de tu mayor pasión en la vida. Quienes han sentido esa vehemencia intensa y sostenida en el tiempo al realizar algo, son afortunadas. Sin embargo, la mayoría de las personas no logran identificar con claridad ni sus talentos ni los sueños que acompañan la ejecución de esos talentos. Las personas más bien combinan intereses, ya sea porque se han presentado en diferentes épocas de su vida o porque han ocurrido con diferente intensidad, pero la realidad es que les resulta complicado identificar con claridad si lo que les gusta hacer es lo mismo que “hacer lo que aman”.

Desde fuera es fácil imaginar que “hacer lo que amas” se trata de un proyecto que se desliza suavemente, en el que todo se desarrolla de acuerdo a los dictados de tu imaginación. No hay que confundir “hacer lo que amas” con una versión idealizada de nuestra pasión y la persecución sin sentido de un sueño idílico donde no existen obstáculos ni desafíos. Transitar el camino de los sueños exige disciplina, compromiso y paciencia. Los sueños también tienen un precio, pero jamás el mismo precio que vivir en el tedio, el desinterés y la falta de motivación . No llegamos a donde queremos llegar, así como así. Se necesita voluntad y valor para empezar a llenar tu vida de lo que amas. De lo contrario, comienza a llenarse justo de lo contrario.

Entonces ¿amar lo que se hace o hacer lo que se ama?… Yo diría que ambas cosas. Amar lo que uno hace puede parecer una tarea titánica cuando la rutina ha llegado a su límite, cuando es difícil encontrar aliciente en algo que no parece tener sentido en nuestro interior y cuando quisiéramos estar haciendo algo distinto. Pero creo que se trata de ir apreciando lo que haces hoy para poder ir dando cabida a cosas nuevas y refrescantes en el futuro. Digámoslo así: amar lo que haces es la llave para poder hacer lo que realmente amas.

Si estás en la búsqueda de un sueño, no desistas. Recuerda que estás diseñado para explotar tus talentos y ponerlos al servicios de los demás. Tu misión es seguir tus inspiraciones y llenarte de lo que es más importante para ti. Tus acciones diarias deben estar conectadas con tu más alto propósito, tus más grandes sueños. Se trata de dar pequeños pasos todos los días hacia la consecución de tus metas y no desistir en el intento, aún cuando a veces las cosas no resulten como tu esperas. Recuerda: tu magnificencia interna se manifiesta cuando haces lo que más amas.




Volver arriba