Al padre Fernando Castro

A mes y medio de su muerte]
 

El espíritu no se mueve en silla

de ruedas, que sólo ata la materia

de este cuerpo apegado a su miseria,

sin flotar como un germen sin semilla.

El espíritu es sol que alumbra y brilla,

es la sangre del cuerpo y es de arteria,

que nos hace luchar en forma seria

y cuando se une al cuerpo maravilla.

Así luchó Fernando un tiempo eterno,

ni sus huesos y músculos cansados

pudieron refrenar la algarabía

de un corazón disciplinado y tierno.

Que tu alma fiel tenga sus pies alados

que a Cristo llegarás con alegría.

Mérida, Yucatán, a 22 de enero de 2014

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