Agenda ciudadana

La gran guerra, allá y acá

Autor: Lorenzo Meyer (*)

En memoria de Arnaldo Córdoba, historiador preciso y vehemente, ciudadano de izquierda en un país de derecha

Todo depende del cristal. La Gran Guerra de 1914-1918 es el inicio de una serie de tragedias en el Siglo XX. Sin embargo, y desde otra perspectiva, ese conflicto le abrió una ventana de oportunidad a una nueva clase política mexicana dispuesta a asumir riesgos en función de un proyecto que aún era genuinamente revolucionario.

La guerra de allá. El sábado pasado -28 de junio- se cumplieron 100 años que un nacionalista serbio disparó contra el heredero al trono del imperio austro-húngaro y su esposa, y con ello desató una cadena de eventos que condujeron a que justamente un mes más tarde los austrohúngaros empezaran las hostilidades contra Serbia y en un santiamén el mecanismo del sistema de alianzas europeo detonó una guerra mundial que cobró la vida de entre 13 y 15 millones de personas, y tendría un resultado político tan ambiguo que 21 años más tarde la violencia retornaría en la forma de otra guerra mundial más cruenta y que, apenas concluida ésta en 1945, se transformaría en una tercer conflicto también mundial que duró más de 40 años y que pese a llamarse “guerra fría”, tan sólo en Corea e Indochina llevó a la muerte de 8 millones de personas, (Milton Leitenberg, “Deaths in wars and conflicts in the 20th century”, Universidad de Cornell, 2006).

La guerra de acá. La Revolución Mexicana se inició de manera poco espectacular a fines de 1910, pero se agudizó tras la caída de la dictadura de Porfirio Díaz. Las campañas de 1912 contra el orozquismo en el Norte y contra el zapatismo en el Centro hicieron desesperar a una oligarquía que creyó que con el golpe militar de febrero de 1913 restauraría el orden perdido. Se equivocó, la lucha se agudizó y batallas como las de Torreón y Zacatecas involucraron a grandes contingentes y tuvieron un costo de sangre elevado.

Desde Europa y Estados Unidos la lucha interna en México se explicó básicamente como producto de un pueblo apenas tocado por la civilización y al que no se podía pretender gobernar de manera democrática, como lo había intentado Madero, sino con la mano dura de un dictador. Sin embargo, para 1915 la brutalidad de la guerra europea ya había hecho palidecer la de acá. Y es que la paja en el ojo mexicano se hizo nada frente a la viga en el de la “civilizada” Europa, que incluyó la violación de la neutralidad, una monstruosa guerra de trincheras, bombardeo a poblaciones civiles, hundimiento de barcos mercantes y de pasajeros, gas venenoso, asesinato de prisioneros y muertos por millones. Los contendientes en Europa justificaron su guerra en nombre de altos valores pero desde el inicio fue una mera lucha de grandes poderes y por el poder. En contraste, la mexicana sí tuvo, al menos por un tiempo, elementos de orden moral: poner fin a una tiranía, instaurar la democracia, restituir la tierra al campesino, dar derechos a los trabajadores y devolver “México a los mexicanos”.

La Constitución de 1917. La Constitución de 1917 fue un proyecto revolucionario, y si ese proyecto pudo convertirse en Constitución fue, en buena medida, porque las grandes potencias con intereses en México -Inglaterra y Estados Unidos- estaban en mortal combate o a punto de entrar en él. La Constitución Mexicana se promulgó en febrero de 1917 y Washington declaró la guerra a Alemania en abril. Fue por ello que las fuerzas norteamericanas que habían entrado a Chihuahua desde marzo de 1916 abandonaron México el siguiente febrero, sin haber podido condicionar su salida a que el gobierno de Carranza diera seguridades de que la nueva legislación no afectaría los derechos de propiedad norteamericanos en México.

Guerra y soberanía. México pudo actuar en 1917 como país soberano porque quienes podían limitar su soberanía tenían otras prioridades y, también, porque los bolcheviques aún no tomaban el poder en Rusia y el anticomunismo no había adquirido el nivel que adquirió poco después en Occidente y la idea de una reforma agraria a la zapatista no se le podía atribuir a un partido comunista que aún no nacía.

En la Gran Guerra, México supo mantenerse neutral no obstante las presiones para declararse por uno u otro bando. En enero de 1917 Alemania, previendo su inminente choque con Estados Unidos, le ofreció a Carranza una atractiva alianza para provocar la invasión total de México por su vecino del Norte y mantener anclado al ejército norteamericano aquí, mientras Berlín lanzaba su guerra submarina total. Carranza no aceptó la oferta alemana pero tampoco la rechazó ni se metió a la guerra siguiendo a Estados Unidos, como sí lo hicieron otros países latinoamericanos.

En resumen. La Primera Guerra Mundial mantuvo tan ocupadas a todas las potencias imperiales que ninguna de ellas tuvo tiempo, recursos o interés suficientes para interferir de manera contundente en contra de una revolución en la periferia con rasgos antiimperialistas y anticapitalistas como fue la mexicana. Así, de manera indirecta, la tragedia europea de hace un siglo dio a México un respiro de libertad y soberanía que, aunque pasajero, fue bien aprovechado.

Resumen: La gran guerra de hace un siglo fue un desastre para Europa pero resultó una oportunidad bien aprovechada para México.- México, D.F.

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*) Investigador y analista político




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