Acento

Salvador Nava, líder auténtico

Autor: Salvador  Flores  Llamas (*)

Como a las 20 horas del 21 de marzo (aniversario del natalicio de Benito Juárez) de 1962 avisaron al diario “Tribuna” de San Luis Potosí que estaban incendiando el Partido Demócrata Potosino y Esteban Zamora y yo fuimos a reportear el atentado.

Saquearon los archivos del partido que el doctor Salvador Nava Martínez creó para continuar su lucha política; la gente lo lamentaba y los golpeadores del gobierno detenían personas, como ocurrió a Esteban y a mí, y nos soltaron cuando les dijeron que éramos dirigentes de “Tribuna”.

Calcaron el asalto hecho a ese diario la noche del 15 de septiembre, cuando los soldados destruyeron y quemaron maquinaria, muebles, golpearon a los trabajadores del taller y reporteros, y se llevaron al director Manuel Montiel y al gerente Gabriel del Campo.

A éstos los sacaron en una camioneta, con mordaza y ojos vendados, a una carretera, donde lanzaron fuera primero a uno, mientras se oían descargas de metralletas, y después al otro, en una noche apenas menos lóbrega que la conciencia de los victimarios.

“Tribuna” fue el órgano de la primera campaña del doctor Nava por el gobierno de SLP en 1961, contra el candidato del cacique Gonzalo N. Santos, Manuel López Dávila, quien vivió largo tiempo en Chihuahua y de oficial mayor de la SEP tornó a su lar patrio -como diría Manuel José Othón- donde nadie lo conocía, a buscar la gubernatura por el PRI ante el mejor alcalde que había tenido en su historia la capital tunera.

A la muerte prematura de su hermano -el cardiólogo Manuel Nava, quien desde la rectoría de la Universidad Potosina decidió combatir el cacicazgo del señor del Gargaleote, llamado así por el latifundio de 87 mil hectáreas que tenía en la Huasteca Potosina- el oculista Salvador Nava continuó su lucha, a petición de sus paisanos.

La frase del candidato presidencial López Mateos en la Plaza de Fundadores de San Luis: “Los caciques subsisten, mientras el pueblo los tolera”, animó la lucha navista, primero por la presidencia municipal, la gubernatura luego, para poner el cascabel definitivo al llamado “cacique de los tres ‘ierros’”, porque preguntaba a sus opositores: ¿Qué prefieres: encierro, entierro o destierro?

Nava ganó la alcaldía de la capital potosina por 26,319 votos contra 1,638 a Francisco Gutiérrez Castellanos, y tomó posesión el 1 de enero de 1959. Su gestión fue dechada de eficacia y honradez.

Para la elección a gobernador, en julio de 1961, delegado y subdelegado del CEN del PRI, Olivares Santana y Hank González, pidieron al general Corona del Rosal, líder del PRI, el auxilio de su jefe de prensa, Galindo Ochoa, quien ese día se reunió con los reporteros de los diarios del D.F. destacados en los puntos cruciales del Estado y declaró: Nava ganó la capital y López Dávila en el resto de la entidad.

Creyó justificar así el arrastre del nuevo líder político potosino, espejo de su triunfo inobjetable en todo el Estado, que el gobierno federal no aceptó. A las protestas ciudadanas masivas siguió la represión de la noche del 15 de septiembre: de una kermesse en el jardín de Tequisquiapan se desprendió una columna que fue masacrada al llegar a la Plaza de Armas, y de ahí los mílites se siguieron a “Tribuna”.

El 28 de septiembre tomo posesión López Dávila en un estadio erizado de metralletas y rodeado por tanques, cuya presencia ya parecía normal en las calles. Para intentar parar el descontento, fue detenido y confinado el doctor Nava en el Campo Militar No. 1 y Lecumberri, en el D.F.; lo liberaron por la presión social en febrero de 1962 sin comprobársele cargo alguno, tras acusarlo de rebelión y disolución social.

Después del ataque al partido, Nava decidió hacer un impasse por falta de garantías, mas no abandonó su lucha por la democracia y en 1981 volvió a ganar la presidencia municipal, postulado por PAN, PDM y el Frente Cívico Potosino; dejó nueva muestra de honradez y eficacia, y en 1991 fue otra vez por la gubernatura con la Coalición Democrática Potosina (PAN-PDM-PRD) y el Frente Cívico Potosino.

Quisieron imponer al priista Fausto Zapata, también emigrado al D.F., pero las damas potosinas le impidieron entrar al Palacio de Gobierno y se desató la resistencia civil y la Marcha de la Dignidad: exigían el retiro definitivo de Fausto, que el Congreso nombrara un interino y convocara a otra elección con nuevas reglas del juego, en la que sin duda los potosinos volverían a postular a su líder político.

Nava emprendió a pie la Marcha de la Dignidad hacia la ciudad de México. Un enviado del presidente Salinas de Gortari (temeroso de que la marcha se instalara ante Palacio Nacional el 1 de septiembre y desluciera su tercer informe) lo alcanzó antes de Querétaro.

A cambio de que se suspendiera la marcha, el legado ofreció la licencia indefinida de Fausto y nombrar a un gobernador interino “palomeado” por Nava quien, tajante, rechazó la idea por considerarla ofensiva para los potosinos y centró su exigencia en la renuncia definitiva del impuesto.

El doctor no pretendía ser ni gobernador a fuerza ni poder tras el trono. Padecía cáncer en la vejiga y murió meses después, el 18 de mayo de 1992.

La apoteosis con que más de 100 mil potosinos lo despidieron en su sepelio reafirmó su sentencia: “La democracia ya no podrá postergarse”, porque “el reloj político tiene sus horas contadas”, pues él reivindicó la política como auténtica vocación de servicio desinteresado a la comunidad.

La familia que formó con Conchita Calvillo tuvo seis hijos: Salvador (Chavo), Pedro (Perico), Luis (Güicho), Alejandro (Boruche), Manuel (Meme) y Concepción Guadalupe (Conchalupe).- México, D.F.

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*) Periodista




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