Acento

¿Debacle del PRI?

Por: Salvador Flores Llamas (*)

Liderato titubeante, sectores inexistentes, descrédito de ex gobernadores y gobernadores fallidos o cómplices de mafias, economía entrampada que buscan revivir con promesas, pueblo descontento, nuevas reformas cuyos efectos aún no pueden verse y plazo encima para revertir tanta anomalía, parecen empujar al PRI a perder las elecciones el año próximo.

César Camacho Quiroz ni siquiera ha resuelto el lío de Cuauhtémoc de la Torre y deja el PRI del D.F. en poder de Israel Betanzos, incondicional de éste y acusado de golpear a Rosario Guerra porque osó disputar el liderazgo al “Basuritas”.

Por eso no extraña que los sectores obrero, campesino y popular ni se vean: la CTM tiene de líder al momificado Gamboa Pascoe; la CNC al senador Gerardo Sánchez, quien se distanció de Camacho, de los secretarios Osorio Chong, de Gobernación, y Videgaray, de Hacienda, y quiere imponer de sucesor a su delfín Humberto Cota.

En la CNOP la senadora Cristina Díaz se dedica a promover su candidatura al gobierno de Nuevo León, ante Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, y ni por ello se preocupa en mover a las organizaciones de su amorfo sector.

Su mirada corta veda a esos líderes ver próxima la renovación de la Cámara de diputados, nueve gubernaturas, congresos locales y cientos de alcaldías en 2015, y la devaluación popular que el gobierno federal ha endosado al tricolor; lo que explica su pasividad política.

Es rampante el desprestigio de varios ex gobernadores priístas por su mala gestión y corrupción; mientras de los actuales hay coludidos con el crimen organizado, como Fausto Vallejo, ex de Michoacán, y Jorge Herrera Caldera, de Durango; o ineficaces, como Fernando Toranzo el potosino; Javier Duarte el veracruzano; Rodrigo Medina el neoleonés, y el tamaulipeco Egidio Torre Cantú, por decir lo menos.

Economía sin avance, freno a inversiones oficiales y privadas y a creación de empleo, y un pueblo desesperado que sólo oye promesas del gobierno y no se convencen de que las reformas de Peña Nieto traerán beneficios rápidos, son lastres para que el PRI pueda ir a tambor batiente a estas alturas del sexenio a consolidar y recuperar espacios que sean su trampolín para conservar la Presidencia en 2018.

(Si el secretario Videgaray no toma cualquier dato económico para cantar avances de su política y espera un resultado fuerte dará un contundente campanazo mediático, que prestigiará al gobierno).

Los priístas no entienden que la reforma fiscal y alza del IVA en la frontera causan descontento, y prefieren adular a los poderosos que hacer talacha partidista y mover a organizaciones intermedias y sectoriales a penetrar el entramado social, como la Confederación Nacional Ganadera, Campesina, de la Pequeña Propiedad, Campesina Independiente y demás membretes que hacían ruido propagandístico al partidazo.

Ni siquiera programas sociales tan publicitados, como la Campaña Nacional contra el Hambre dan resultados, pero ocasionan quejas de discriminación entre sus destinatarios, porque los beneficios no les llegan.

Ni convence que se niegue que son electoreros, pues, en todo caso, operan contra el sistema político que los anuncia, y falta escudriñar las causas de esa frustración y remover a los responsables. Si hay pleitos en la cúpula del PRI-D.F., menos se emprenderán acciones para rescatar la capital de manos del PRD, que con los pleitos de siempre domina las estructuras políticas y sus tribus no permitirán que se las arrebaten.

Si el Distrito Federal carece de liderazgo priísta definido, el país adolece de uno fuerte y conocedor de los intríngulis electorales y clientelares. Y no se diga que eso correspondía al Viejo PRI, pues el Nuevo necesita peritos que lo enseñen a gobernar y mantenerse en el poder.

No vayamos a estar en la antesala de una nueva debacle del partidazo.- México, Distrito Federal.

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*) Periodista




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