A ojo de pájaro

Azucenasen el fango

Por: José Gerardo Patrón Juanes (*)

Hay momentos determinados de la historia, / ramo de azucenas, / y meterse en el fango hasta la cintura / para ayudar a los que buscan la azucenas -Federico García Lorca

Es y ha sido siempre tiempo de dejar las azucenas y meterse al fango, y nunca lo han dejado de hacer esos portentos de humanidad desconocidos, millones, buenos hijos, hermanos, ciudadanos, esposos, padres, unos desconocidos y conocidos otros, santos de la calle, gobernantes justos, luchadores por la paz, mediadores crucificados.

Así, dejar las azucenas y meterse al mundo de los que producen nuestros alimentos, textiles, joyas, petróleo y más satisfactores, en condiciones de fango hasta el cuello, son los que siglo tras siglo claman y no son escuchados, pues la fuerza de su queja es débil y los que deben proclamarla participan de la explotación o tienen miedo; y así los campos de la Tierra reciben el grito y llanto de niños, mujeres, adultos y ancianos que, habiendo una mejor manera de vivir, no les llega.

Imagino que pudiésemos tener la posibilidad de ver en los noticiarios de hoy (el cine nos presenta esos tiempos) los sucesos del siglo, ¿sería diferente la enorme división, desde los que vivían una plena abundancia material y los que en diferentes grados llegaban a carecer de lo indispensable, alimento, servicios de salud, techo y vestido? ¿Habría, con excepción del entorno material, el mismo escenario de hoy?

El cambio ha sido enorme en avances industriales en la producción y alimentos, en la inmensa cantidad de industrialización de la materia prima, medicina y cirugía con cambios sin medida, comunicación y muchos avances más. Pero los esquemas de diferencias creo son los mismos. Es la lucha de Líbano, Israel, Siria, diferente a la Escocia del siglo, a la de México de 1810, Europa de la Segunda Guerra…

El reparto de las azucenas es inmensamente desigual a tal grado, que más de un alto porcentaje de los que las siembran y cosechan no reciben ni una; en contrapartida, una mínima cantidad de personas vive en un jardín pleno de flores.

¿Es irremediable buscar la igualdad o una uniformidad relativa? Miles de años nos dicen que no, inmensas mejoras materiales, mal distribuidas, pero la historia habla fuerte. El verbo compartir se usa poco; poco es un modestísimo clamor como éste, pero a pesar de mi convicción de que no avanzamos, es necesario como constancia y alivio personal meterse al fango y repartir las azucenas cosechadas a quienes tienen los brazos vacíos.- Mérida, Yucatán.

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*) Empresario y activista




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