A 20 años de Colosio

SALVADOR FLORES LLAMAS

Hoy se cumplen 20 años del asesinato de Colosio, en Lomas Taurinas, Tijuana, víctima de un complot -según los entendidos no oficiales- que difícilmente será esclarecido.

El candidato presidencial del PRI, cuya campaña acababa de recibir nuevo impulso al sumársele Manuel Camacho Solís, el precandidato que se rebeló por no haber sido el destapado; pero finalmente le informó a Luis Donaldo que estaba con él y desistía del afán de sustituirlo.

Politólogos acuciosos señalan que Camacho se encaprichó porque su amigo Salinas de Gortari no lo destapó como sucesor. No vio que en herencias, se hereda al hijo, no al hermano, y en política eso es relevante y Carlos prefirió a su hechura, no a quien podía destronarlo.

Añaden que Carlos, al conocer a fondo a Manuel, sabía que éste lo borraría del mapa en cuanto llegara al poder, para quedar como mandón único. Esa fue la perdición del entonces regente del DF.

Otras plumas reiteran que los caprichitos de Camacho lo llevaron a pedir al mandatario lo nombrara negociador honorario en el conflicto con el EZLN, que sacudió al país el 1 de enero de 1994, tras el destape de Colosio, quien entonces ya se preparaba para iniciar su campaña.

Manuel sólo podía calmarse si él era el ungido, pues se sentía el heredero de su amigo del alma.

Se ha señalado que Colosio, como el cardenal Juan Jesús Posadas, también fue víctima de los narcos; hipótesis no demostrada, pero ambos crímenes siguen sin resolver y por tanto impunes, según el sentir popular, igual que el de Juan Francisco Ruiz Massieu, otro político sacrificado en el salinato.

Colosio y el prelado católico llevaban muy buena relación, pues ambos eran bien intencionados y poseían grandes dotes, carisma y donde gentes.

Amigo y confidente de Donaldo, el experimentado Heriberto Galindo, coordinador de su campaña en el noroeste del país, narra que una llamada de Camacho le cambió el semblante y dio nuevos bríos, antes de partir a Baja California: Manuel le ofreció total adhesión a su candidatura, pero Lomas taurina impidió se concretara la promesa.

Para la mayoría de la gente Mario Aburto, el presunto victimario, es un vil chivo expiatorio para encubrir al o los autores intelectuales, sus móviles y él o los personeros de que se valieron.

Eso se colige desde los primeros pasos en torno al asesinato: Extrañó, por ejemplo, que el general Domiro García Reyes, jefe de seguridad de Colosio y futuro jefe del Estado Mayor Presidencial, se hiciera a un lado y el asesino disparó al candidato a bocajarro, cuando Domiro habría preferido perder la vida en circunstancias normales, según el código militar.

Además, en la escalerilla del avión que lo llevó del DF y aún sin pisar suelo de Tijuana, Diego Valadez, procurador general de la República, se aventuró a decir que el crimen era obra de un asesino solitario, cuando no iniciaba aún la averiguación previa.

A su vez, Miguel Montes, primer fiscal del Caso Colosio, al asumir el cargo, dijo que el magnicidio había sido obra de un complot; pero en su informe final repitió la versión del asesino solitario.

Al cuestionarlo sobre esta conclusión, en charla que tuve con él a propósito del informe y tras lanzarle unas preguntas, adujo que había estado sujeto a mil presiones, no de Salinas, sino “de arriba”.

Al inquirirle por qué no había renunciado, respondió molesto: “en este país, ¿quién le renuncia al Presidente de la República?

Quizá José Córdova Montoya, entonces jefe de la Oficina de la Presidencia, y Manlio Fabio Beltrones, gobernador de Sonora, de quien trascendió habló con el auténtico asesino, la noche del magnicidio, en Playas de Tijuana, tengan algo que apuntar para ayudar a descifrar el crucigrama delictivo.

La vox populi y expertos coinciden en que Colosio era muy buen candidato presidencial del PRI: gran orador, joven, experimentado, su discurso inicial despertó serias esperanzas en el futuro del país y sufrió ver que su campaña no despegaba por sabotaje de Camacho; pero esperaba levantarla, cuando las balas asesinas cegaron su vida.

Estas privaron a México de un Presidente, cuyas grandes dotes, pudieron enfilarlo a mejores derroteros; mas decidieron eliminarlo los intereses creados.

Hay un dato desconocido de Colosio: como buen sonorense, soñaba con ser gobernador de su estado, cuyas cinco regiones conocía muy bien: frontera, norte, Hermosillo, Valle del Yaqui y Obregón y, según su paisano y amigo Víctor Hugo Celaya Celaya, hoy director general de delegaciones federales de la Sagarpa, tenía soluciones para sus problemas peculiares.

Pero si el dicho reza que el hombre propone, Dios dispone, y viene el diablo y lo descompone, aquí se confabularon Lucifer y las tinieblas.

 

 

 

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