No sigas las huellas de “Santo”

Gonzalo Bolio Vega (*)

Al ejercer tu derecho a elegir

Por los años 40 del siglo XX se dio a conocer, primero en nuestro país y después en otras partes del mundo, a un luchador nacido en Tulancingo, Hidalgo.

Fue un héroe latinoamericano muy a la moda, tanto en México como en otras latitudes de nuestro continente y allende los mares, como dirían los versados en las películas en las que participó, pues era como el prototipo de una catarsis dominguera nocturna como solución fornida contra las pesadillas.

Luchador protegido en el anonimato por la máscara plateada que usó, llegó a ser el ídolo anónimo máximo: necesitaba ocultarse para evitar ser reconocido y así se convirtió, película tras película, en el icono de las masas: “Santo, el enmascarado de plata”, logró su mayor milagro: hacer que lo anodino se convirtiera en un clásico ya que intervino como héroe en 53 películas.

Tanto fue el éxito que tuvo en su carrera de luchador enmascarado, que hace tres años, en mayo de 2009, fue emitido un timbre postal para conmemorar los 25 años de su fallecimiento en 1984. “El Santo” luchó contra otros enmascarados que también alcanzaron renombre y se pusieron de moda: “Blue Demon”, “Black Shadow” y el “Médico Asesino”, por mencionar algunos. Ahora, a diario sigue su ejemplo una multitud de hombres y mujeres que en el ring actúan en farsas de combates, en los ámbitos local e internacional.

Se preguntarán ustedes, amables lectores: ¿Qué tiene que ver el “Santo” con los hechos que recientemente se han vivido en nuestro país? La respuesta es fácil: ¿No les parece que resulta una mala parodia que alguien pretendiera ser superior a la personalidad de un luchador héroe, “Santo”, como ha intentado Sebastián Guillén, el subcomandante Marcos de Chiapas? Marcos, “defensor” a ultranza de los pobres indígenas chiapanecos se sirvió de ellos al enviarlos a luchar contra el ejército. los armó con fusiles de madera y los convirtió así en “guerrilleros” masacrados en un combate desigual fraguado por “Marcos” y en cuyas escaramuzas el “Sub” era el único que portaba una metralleta real.

Marcos, tan ficticio como irreal héroe, fue el enmascarado de plata. Marcos, Sebastián Guillén, su nombre real, sale a menudo de México y regresa al país, amparado por su “legendaria” capucha o calcetín arrugado que le cubre el rostro, con su pipa indispensable para darle un toque atractivo a la hoy avejentada figura de un hombre desgastado y barrigón, “el Sub Marcos”, personaje a quien él mismo le dio vida por su computadora y su habilidad para ser su propio agente de publicidad, dentro y fuera del país.

Debemos hacer notar que en marzo del presente año, hubo en la ciudad de México una marcha pacífica de luchadores enmascarados, entre ellos “Blue Demon Jr.”, quienes se manifestaron en el Zócalo capitalino para fomentar “los valores de unión y solidaridad entre la sociedad”. Al comienzo de la marcha, “Blue Demon” dijo: “La movilización es con la intención de convertirse en la voz de los que se han callado, porque están cansados de no tener respuestas, así como de los que guardan silencio por temor” (Diario de Yucatán, 19-03-2012). Cual telenovela, ha sido la campaña de un luchador avejentado y escurridizo que se ha colocado la máscara del amor y que durante seis años ha recorrido el país con máscaras diferentes. Para identificarlo con los héroes de un ring nacional, diríamos que es el “Mil Máscaras”, nombre de batalla de otro de sus colegas enmascarados.

Pretende no sólo salvar a los pobres marginados del país, sino al país entero: nuestro México, hazaña singular que ha emprendido contra otro personaje de telenovela cuyo despeñadero está propiciando al amparo del llamado grupo estudiantil “Yo Soy 132″, grupo desvirtuado por la asesoría de extranjeros, adheridos al candidato del amor, de la morena, léase AMLO.

Se acentúa así el contraste aquí en Yucatán, con dos candidatos que han de reivindicar los derechos de los ciudadanos mediante la limpieza de su actuación ya reconocida por propios y extraños: Renán Barrera Concha, candidato a la alcaldía de Mérida, y Joaquín Díaz Mena, “Huacho”, candidato a la gubernatura.

Ninguno de ellos necesita, como algunos de sus competidores, colocarse máscaras para convencer; ambos, con carreras profesionales, experiencia y probidad, han demostrado en el desempeño de sus cargos anteriores como legisladores y servidores públicos que es posible actuar y vivir en beneficio de los ciudadanos, y no para incrementar la miseria y el exiguo bienestar de los habitantes de esta tierra del Mayab.

Bienvenidos sean quienes dan mayor prestigio y credibilidad a sus palabras. Bienvenidos porque tienen el timbre de orgullo de la honradez y el honor que han demostrado con hechos, y que sin duda seguirán en la ruta de los leales servidores públicos que tanto añoramos y necesitan los ciudadanos, la juventud, la niñez y la sociedad entera de Yucatán. Bienvenidos sean y a votar por ellos.- Mérida, Yucatán.

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*) Escritor


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