No, nada de reformas

Mario A. Romero Bolio (*)

¿Para qué?

Soy fiel a mi conciencia no a la opinión de los demás -Cicerón

Durante un buen tiempo hemos estado cavilando sobre las muy publicitadas reformas estructurales que se implantan, nos gusten o no, en nuestro país. Sí, hay algo que no encaja, por muy buenos que sean los propósitos que las impulsan. ¿Qué es lo que no cuadra?

Estas frescas y muy húmedas mañanas invernales nos van haciendo ver con claridad meridiana. Sí, ¡claro! Las reformas, como indica su propio nombre, son transformaciones, evoluciones, ampliaciones, enmiendas e innovaciones de las leyes vigentes. Pero… si siempre hemos sido un país de leyes, sí, pero que no las cumplimos. Y no las cumplimos porque las autoridades, que deben velar por su correcta aplicación, son las primeras en infringirlas de manera prepotente e impune. Desde luego, no necesitamos más leyes, ¿para qué?

Recordemos unos botoncitos de muestra cercanos en el tiempo y en el espacio: evidentes latrocinios y desvíos de recursos en provecho propio o de sus allegados de Ivonne Ortega Pacheco en Yucatán (la profesora Blanca Estrada Mora calculaba en unos 15 mil millones de pesos el adeudo del nuestro Estado. La deuda “oculta”, 17 de diciembre de 2012). “Granier dejó un desfalco de 23 mil millones de pesos, acusa actual gobernador de Tabasco”, tituló “Proceso” el 21 de febrero de 2013 en una publicación. Ya no hablemos del ex gobernador del Estado de México, Montiel, que se llevó todo lo cargable.

La censura sigue en México, los priistas son intocables. Esto fue lo que nos vinieron a decir los senadores del PRI y de su comparsa el PVEM, en su reciente reunión en Mérida. Ivonne Ortega y Angélica Araujo son intocables, pueblo; fue el contundente mensaje.

El ilustre maestro Francisco González de Cossío, ex embajador y ex cónsul, entre otros muchos cargos relevantes, nos dice: “El principal problema de México es la impunidad. No lo es la miseria, la pobreza extrema, la criminalidad, la inseguridad, la corrupción, el crecimiento desordenado de la población ni el narcotráfico. Todos estos problemas son manifestaciones de la impunidad. Hay quien dice que la corrupción es el principal problema de México. Yo diría que la corrupción es un caso particular de la impunidad. Muchos dirían que estos problemas existen en muchos países: yo diría que en todos. La diferencia consiste en que en otros países o no hay impunidad o al menos existen niveles menores de impunidad…” (“El México impune”, publicado en Nexos en línea el 1 de abril de 1998. http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulov2print&Article=2100546).

Nuestra economía depende sólo del petróleo, recurso natural no renovable. Vemos campos abandonados, gente menesterosa que extiende la mano para que el gobierno le dé migajas. Nuestros profesionales, académicamente preparados, aspiran trabajar para el gobierno (ahí está la “lana”, dicen), matan la empresa privada o la corrompen con licitaciones amañadas. No somos autosuficientes para alimentarnos a tal grado que hasta el maíz, oriundo de México, hay que importarlo. No queremos pensar en lo que sucederá cuando el petróleo se acabe.

Un anciano pescador que captura en la ribera trae, a veces, unos diminutos meros o pargos “para filetear, profe” nos dice. Oye, Simón, le respondemos, hay veda en esta época y además están muy chicos; y con esa filosofía autóctona de nuestro pueblo replica: “Entre que si se muere el mero o mis nietos, que se muera el mero, ¿no, profe?”. Sí, estamos acabando con nuestro ancestral patrimonio.

Cuando veamos que el Ejecutivo forme un gabinete plural con los mejores hombres y mujeres, no importando su filiación partidista, o con gente totalmente apartidista, pero conocedora y experta en el encargo que se le dará. Cuando se quite la idea tonta de formar gabinetes con equidad de género, que sólo busca en el rostro de cada mujer una boleta electoral. Cuando el Ejecutivo nombre como secretario de Hacienda a una persona avezada de otro partido, cuando…, parece un cuento… y lo es en el México actual.

Si queremos que nuestra nación progrese realmente, entonces hay que ir eliminando políticos que saltan de un puesto a otro con la mayor desvergüenza y sustituirlos con especialistas en cada Secretaría y demás cargos. Si hipotéticamente necesitamos 43 personas para llenar vacantes, que se haga con las 43 más aptas para desempeñar el puesto de que se trate. Si son 40 mujeres y 3 hombres, bien; o si son todas mujeres las personas con mejor currículo y desempeño, que sean los 43 puestos para ellas. Nada de equidad electorera sino oportunidad al más apto. Por cierto, lo que proponen no es una equidad sino una paridad de sexos (no de géneros).

Aquí deseamos incluir una observación que creemos pertinente: Al acto sexual se le ha dado en llamar simplemente sexo. Cuando fuimos estudiantes se nos enseñó que sexo es la diferenciación en los seres animados, personas, animales o plantas según los gametos y genitales que posean, pero género sólo para los seres inanimados: silla (género femenino, la silla), libro (género masculino, el libro). En los formatos de datos personales de cualquier institución aparecía sexo: f ( ) y m ( ). Nada de género. Hay que cambiar sí, pero hacia lo positivo.

Ahora el Diario nos sorprende con la afirmación contundente del padre Alejandro Solalinde, de que “la democracia no existe en México y nos encaminamos a una dictadura”. Alerta roja: Es hora de dar la cara, organizarnos pacíficamente y pedir la rendición clara de cuentas a los tres poderes de la Unión. Recordemos: “Y no temáis a los que matan únicamente el cuerpo, temed más bien a los que matan cuerpo y espíritu…” Mt 10, 28. Nuestros gobernantes con sus represiones están matando el espíritu de libertad, de manifestación, etcétera.

No, nada de reformas, ya que son leyes nuevas o las mismas ya revolcadas, pero no hay intenciones de cambiar el proceder del gobierno, en cualquiera de sus tres niveles. De nada van servir si no cambian quienes detentan el poder.- Mérida, Yucatán.

[email protected]

—–

*) Profesor y licenciado en Matemáticas




Volver arriba