Mucho camino por delante

Editorial de "The New York Times"

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La economía

Economistas, políticos e inversionistas dieron una calurosa recepción al último informe económico de crecimiento, dado a conocer el jueves: La tasa estimada de crecimiento anual en el cuarto trimestre de 2013, un decente 3.2%, podría ser presagio de un mayor crecimiento este año. Pero hay más razones para la cautela que para el optimismo.

La intransigencia republicana por el gasto seguirá impidiendo el crecimiento. No hará tanto daño como el año pasado, cuando los cortes presupuestarios y el cierre del gobierno recortó casi un punto porcentual de crecimiento en el cuarto trimestre. Pero la negativa de los republicanos a renovar los expirados beneficios federales de desempleo dañarán tanto, como su esperada oposición a un aumento al salario mínimo y otras políticas.

Las bases económicas siguen siendo preocupantes. En gran parte del cuarto trimestre, el crecimiento provino del fuerte gasto de los consumidores. Pero la mayoría de ese consumo fue en servicios públicos y alimentos para el hogar, gastos necesarios que apenas son indicios de la creciente confianza del consumidor.

El gasto en viviendas y vehículos, que reflejan la demanda creciente y la confianza, fue decepcionante. El sector de la vivienda residencial se contrajo en el cuarto trimestre, por primera vez desde 2010, y las ventas de vehículos de motor se desaceleraron a partir del tercero y hasta el cuarto trimestre.

Aún es una cuestión sin responder si las ventas de casas y vehículos se recuperarán rápidamente. En el pasado reciente, el sector de la vivienda se fortaleció por las tasas de interés favorables y los bajos precios de las casas. El aumento relacionado con la construcción de viviendas también benefició a la venta de camiones ligeros.

Sin embargo, para quienes compran por primera vez, eventualmente no se puede separar la buena salud del mercado de trabajo y la disponibilidad de crédito de la compra de casas y vehículos, en especial en el caso de los hogares.

Sigue siendo difícil conseguir buenos trabajos y un amplio crédito. Otro riesgo es la posibilidad de que las tasas de interés suban a raíz de los esfuerzos de la Reserva Federal por retirar gradualmente el estímulo.

El informe tampoco inspira confianza para estimular la economía en cuanto a inversión empresarial, que ha sido mediocre durante algún tiempo. El único punto brillante en el cuarto trimestre fue un salto en el gasto en equipamiento, lo que parece ligado a la compra motivada por razones contributivas al final del año pasado.

En el fondo, la economía está donde ha estado antes de que la recuperación se iniciara oficialmente, a mediados de 2009.

Las cifras globales de crecimiento parecen alentadoras, pero los indicadores de crecimiento se ven precarios y, en cualquier caso, aún son demasiado débiles para traducirse en más empleos, mejores salarios y una mejor vida para la mayoría de los estadounidenses.

Tampoco hay garantía de que los beneficios de un crecimiento más fuerte, si se materializa, sea ampliamente compartido; a la fecha, el crecimiento generado ha beneficiado en gran medida a quienes están en la parte más alta en la escala de ingresos y de riqueza, una dinámica que se hace más arraigada mientras más tiempo pasa.

El Congreso podría ayudar con el gasto público, reformas laborales y otras políticas de apoyo a la creación de empleo y salarios más altos y, por extensión, al consumo y la inversión. Pero las soluciones legislativas no están sobre la mesa. Los recientes esfuerzos ejecutivos del presidente Obama para crear empleos y aumentar los sueldos son positivos pero modestos.

Es mejor un cauto optimismo que la desesperación, pero haciendo énfasis en la “prudencia”.




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