Los votos del hambre
Marcelo Pérez Rodríguez
La legitimidad de las elecciones
En las manos tiene ya Rolando Zapata la constancia de mayoría que lo acredita como gobernador electo de la entidad, pero ¿tiene la legitimidad de la mayoría de los ciudadanos por votos limpios, libres y de conciencia?
Los sufragios, decenas de miles de votos, fueron inducidos, por presión, por la compra descarada que se hizo durante la campaña electoral y a la hora de los comicios.
No hubo recato alguno, los estrategas del PRI llevaban despensas a las casas de muchas familias de escasos recursos, sea en las colonias meridanas, en las comisarías y en el interior del Estado, en busca de convencer a como diera lugar.
El trabajo sucio entró en acción. Había que buscar el triunfo que fortaleciera a la señora Ivonne y a las huestes de la ola roja representada en la figura de Rolando. Nerio, al parecer, no importaba mucho; el priismo pensaba que ya tenía perdida la alcaldía de antemano por los abusos y mala actuación de Angélica Araujo en el caso del “paso deprimido”. Y el voto de castigo estaría presente el día de las elecciones, pero había que luchar por los votos de Rolando.
Por eso el dinero corrió como río desbordado por el interior del Estado, las comisarías y las colonias. Las familias pobres eran los objetivos primordiales. Convencerlas aprovechando la escasez de alimentos en las mesas familiares y la falta de empleos.
Las promesas de que estarían mejor con el PRI en la gubernatura, incluso con empleos, y poniendo de ejemplo a Ivonne, era el comercial y gancho utilizado por los estrategas de la ola roja para convencer en la campaña electoral. Posteriormente, para el día de las elecciones había un priismo organizado para el acarreo de votantes que tenían dificultades de transporte y acompañar a los módulos e incluso entrar con ellos a votar a los que por su edad o discapacidades motoras necesitaban el apoyo de alguien.
Y así sin recato, con descaro y con la complicidad de muchos funcionarios de casillas, priistas de la ola roja acompañaban a muchas personas para inducirlos a votar por el partido de Rolando e Ivonne, y luego llevarlos a comer cochinita, darles dinero en efectivo, una despensa o una promesa. Ni qué decir de los taxistas que, una vez más, sirvieron de paleros para transportar a cientos de votantes.
Y los votos sucios, comprados en forma malsana y burlándose de la dignidad de las personas en Yucatán, son los que le otorgan el número suficiente a Rolando Zapata para obtener la gubernatura.
Sin embargo, para Rolando las elecciones fueron limpias y él obtiene con ese orgullo y compromiso su “máximo destino político”: ser gobernador. Pero, a pesar del documento que lo acredita como gobernador, él no es legítimo, pues esa mayoría de sufragios obtenidos fueron logrados con dinero, comprados de diversas maneras y aprovechándose de las necesidades de alimento y de empleo de miles de familias de escaso recursos.
¿Cortará Rolando el cordón umbilical que lo une con la gobernadora? ¿Romperá con la ola roja? ¿Tendrá su sana distancia con la misma Ivonne ya como ex gobernadora y gente del actual gobierno? ¿Hará investigaciones sobre el derroche y desvíos del erario? ¿Pondrá orden en la administración estatal y colocará a gente profesional, honrada y con espíritu de servicio en su gabinete, como una forma de legitimarse?
¿Tendremos más de lo mismo y otros seis años del derroche gubernamental y endeudamientos, y todos pagaremos con grandes intereses las despensas, los tacos, las láminas de cartón y todo lo invertido en la compra de votos? ¿Otro error más? ¿Seguirán las lamentaciones de los ciudadanos después de la euforia priista? Al tiempo.- Mérida, Yucatán.