Los secretos de un monseñor

Breviario

Por Jorge R. Muñoz Menéndez (*)

El caso del obispo Rafael Palma Capetillo no debe pasar inadvertido.

Quedarnos con las explicaciones personales, la versión oficial y todas las recomendaciones habidas y por haber que rodeen desde el campo de la obediencia no resulta alentador y sería un lastre más para la sociedad, para el prelado yucateco, la misma Iglesia e incluso la jerarquía y sus oscuros pasadizos.

En éste, como en otros muchos casos que algunos tratan de manipular, mantenerse callado resulta antievangélico, y eso pese a las interpretaciones que por montones puedan hacer los que nacieron para maquillar el verdadero motivo de la vida y muerte de Jesús.

El Nazareno no marcó la historia bajando la cabeza, guardando silencio y obedeciendo sin razonar.

Para un aspirante a feligrés su mensaje era y es liberador, y confrontaba a los poderosos, incluso a los que se guardaban en el templo, y precisamente por lo mucho que se exponía al ser diferente a la generalidad tenía que salir de Jerusalén, pero sólo para “recargar baterías” y remontar las murallas y seguir sembrando semillas de justicia y verdad en la gran urbe, que ahora sería nuestro mundo.

Lo ocurrido con el obispo auxiliar de Yucatán no es asunto menor ni de unos cuantos, y como su cargo implica un liderazgo público y social, urge que su virtual destierro venga acompañado de suficiente información.

Somos una sociedad madura que comprende y acompaña, pero no a ciegas. Además, puede ser un indicio de desunión en una de las instituciones con mayor influencia potencial en nuestro medio, dicho esto conscientes de que también es maestra en el campo de la simulación. Y a la Historia Universal podemos remitirnos sólo para no herir susceptibilidades.

La salida a Veracruz de monseñor Palma fortalece, sobre todo entre los jóvenes, la imagen distante que hoy se tiene de la Iglesia católica y más aún de sus directivos y por lo tanto -en una interpretación que puede estar equivocada pero está muy extendida- de las fortalezas espirituales y las “cosas de Dios”.

Ocultar, engañar, demorar… asuntos de alta importancia social no es saludable y menos cuando el maquillaje se elabora con jirones de viejas historias y órdenes bañadas con tintes personales y supuestamente inapelables.

Es censurable atribuirle a Dios desvaríos terrenales y si al hacerlo involucras el destino de instituciones -la Iglesia yucateca- y de otras personas -en este caso el clero que hoy acompaña expectante este affaire- la situación puede tornarse en perversa.

El aún obispo auxiliar de Yucatán resulta muy afectado con su reubicación y las dudas que la rodean, pues con su parquedad está permitiendo que se abran puertas a todo tipo de elucubraciones, y si cometió alguna falta que amerite un cambio tan brusco en sus planes urge explicarla a fondo, siguiendo así los recientes caminos de congruencia y sanidad que ha tomado el mismo Vaticano.

Pero si en lugar de causas justificadas sólo hay caprichos o recelos, entonces callar es doblemente negativo, pues sólo se favorece a las corrientes antievangélicas internas que ya vimos cuánto daño causan a la Iglesia con casos recientes y ampliamente difundidos.

Para lograr que los jóvenes yucatecos vuelvan a cobijarse en las fortalezas y enseñanzas de la Iglesia católica se necesita un reencuentro con las causas y rutas que llevaron a Jesús incluso a la muerte testimonial.

El boato, los rituales y formalismos; las reclamaciones de obediencia muda y ciega; la altanería y supuesta infalibilidad; la mentira y la cercanía con los grupos que detentan el poder material; olvidarse de combatir la injusticia esté donde esté; la compraventa de privilegios y cargos; los escándalos e impunidad que rodean a sectores que prácticamente ejercían el mando papal; las venganzas… todo esto y mucho más es lo que motiva a miles de yucatecos, con los jóvenes a la cabeza, a sentir tan lejos la necesidad de ser Iglesia.

Bien sabemos que las manchas de unos no acaban por borrar la heroica labor de muchos, pero también sabemos que por el camino de la mentira contumaz y el silencio cómplice sí se logran destruir grandes obras.

Yucatán no es el mundo ni la jerarquía y el clero yucatecos la estructura católica en pleno… pero sí es nuestro mundo y deberían ser ellos los pastores, y en la medida que cumplan su compromiso se lograrán resolver más rápido y mejor muchos problemas locales.

Cascabel

Sesenta años van y como la ve Benedetti: Falta tiempo sin tiempo.- Mérida, Yucatán.

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*) Asesor de la Dirección Editorial de Grupo Megamedia

»Somos una sociedad madura que comprende y acompaña, pero no a ciegas. Además, puede ser un indicio de desunión…


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