Legal, no equitativa
Filiberto Pinelo Sansores (*)
Breve balance electoral
De nuevo, cuando despertamos estaba ahí. Y lo peor, con más hambre. El dinosaurio está de vuelta en la presidencia de la república y pelea, palmo a palmo, el poder en nuestro Estado, según los últimos reportes del PREP. A nadie escapa que este retorno -en el país- y este mantenimiento -en el Estado- se sustenta en un poderoso factor: el dinero.
Claramente se ha podido apreciar que ha sido el dinero, unido a las trampas en que ha sido invertido, la eficaz palanca que ha hecho posibles los resultados que han obtenido. Jamás se sabrá de qué tamaño ha sido el gasto ejercido por el PRI en propaganda, regalos, alquiler y equipamiento de las innumerables “casas amigas” -sedes de la orquestación de la compra del voto-, la contratación del ejército de operadores que no sólo sirven para adquirir electores, sino para acarrearlos a las urnas, pues no existe ninguna voluntad de quienes organizan las elecciones para investigarlo ni, mucho menos, sancionarlo.
Lo que sí se sabe es que son muchos los votos -millones en el territorio nacional; miles en el ámbito local- de ese modo obtenidos, los que sumados a los legítimamente logrados introducen una grosera cuanto antidemocrática distorsión en los resultados de un proceso como el que acaba de efectuarse.
La percepción de nuestros sentidos y el procesamiento de nuestra inteligencia no nos engañan: la elección que acaba de terminar podrá ser calificada de legal por los complacientes árbitros que la organizaron; pero de ningún modo, de equitativa.
Legal porque, efectivamente, se contaron los votos en las casillas, e independientemente de algunos incidentes de robo de urnas se respetaron y consignaron sin problemas sus resultados en las actas. Pero inicua en cuanto a la participación de los distintos actores fundamentales en la contienda.
No obstante, la masiva participación ciudadana evitó que el daño fuera mayor. A eso se debe que no obstante todo el aparato de la trampa empleado en el país y en nuestro Estado, ni en uno ni en otro caso la maquinaria hubiera obtenido el rotundo éxito que esperaba. El imbatible Peña, que al inicio de la campaña le sacaba más de 20 puntos a su más cercano competidor, termina la contienda, según el PREP, con apenas cinco o seis puntos porcentuales, con respecto al segundo lugar, ocupado por Andrés López Obrador.
Y en nuestro Estado, volvieron a perder la perla de la corona, es decir, el Ayuntamiento de Mérida, y todavía no está definido quién es el gran triunfador en la contienda por la gubernatura del Estado.
Los ciudadanos tenemos que pensar que, a pesar de su inmenso poderío, alimentado con los miles de millones de pesos que, bajo el agua, el PRI invierte en las campañas -unos de proveniencia dudosa y otros que proceden, abiertamente, de los fondos que saquean sus gobernadores, que suman 20 en todo el país- la sociedad ha avanzado. Enrique Peña Nieto llega el poder con el apoyo de apenas un tercio del electorado. Dentro de este porcentaje, evidentemente, están los votos comprados que suelen esfumarse una vez que cesan los regalos.
De todos modos, hay que mirar el futuro con optimismo, no porque pensemos que los priístas van a cambiar y tratarán de gobernar como los demócratas que no son, pues así lo han demostrado a lo largo de sus vidas y ahora durante sus campañas, sino porque de estas elecciones emergió una sociedad pujante -destacaron sobre todo los jóvenes estudiantes que no se dejan comprar ni engañar por estos falsos demócratas- que demostró que está dispuesta a oponerse a las esperadas prácticas de los dinosaurios que han vuelto al poder y que, en Yucatán, se aferran a él.- Mérida, Yucatán.
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*) Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa
» La masiva participación ciudadana evitó que el daño fuera mayor. A eso se debe que la maquinaria no hubiera obtenido el éxito que esperaba