La revolución en bicicleta

Rubén Osorio Paredes (*)

Análisis ciudadano

En los últimos días se ha debatido mucho sobre si el Paseo de Montejo debe ser el espacio ideal para la Bici-ruta. La respuesta es un contundente sí. Pero el tema y su problemática van más allá de un programa dominical de gobierno. Va más allá del cierre semanal de una avenida.

Se trata de una problemática mayor que tiene varias aristas: una ciudad mal trazada, con calles y banquetas rotas, iluminación deficiente, carriles de tamaño variable, ausencia de arbolado, y donde ocurren malas prácticas: invasión de aceras, ambulantaje en las calles, parques y avenidas, poco o nulo respeto a peatones y ciclistas, vialidades sólo adecuadas para los automóviles, circulación a altas velocidades, etcétera.

Es una gran mentira que los autos nos hacen llegar más rápido. De hecho, altas velocidades requieren gastos enormes en infraestructuras sin la certeza de tener éxito. Invertir en más vialidades impide crear alternativas para los que menos tienen.

La industria del transporte le cuesta a la sociedad más tiempo del que ahorra. Con la apuesta por esta tecnología para movernos la mayoría no sólo paga más, sino que sufre daños irreparables.

La contaminación la pagamos todos, pero impacta más fuerte en el bolsillo más vacío. Los más pobres destinan al menos la mitad de su ingreso en adquirir un auto para moverse o utilizan el transporte colectivo, costoso en impuestos sobre todo en ciudades con vialidades únicamente adaptas para autos como la nuestra.

Además, el transporte motorizado no sólo consume energía, sino fundamentalmente espacio.

El lugar de un automóvil lo utilizan 18 bicicletas.

Urbanistas coinciden en que casi el 80% del espacio público de nuestra ciudad es utilizado por avenidas, calles, pasos a desnivel, comercios ambulantes, estacionamientos y autos en circulación o estacionados. Crean distancias a costa de todos, las reducen en beneficio sólo de algunos. Quien no tiene acceso a un automóvil sufre el entorno construido para beneficio de éste.

Lo mejor sería una ciudad que adecúe sus vialidades y señalamientos para el uso de la bicicleta o para trasladarse a pie; una ciudad que nos diera certeza en su definición, para que cada calle nos invitara a comportarnos de la mejor manera, nos educara en el respeto a los otros y nos permitiera ver y convivir con la diversidad que hoy pasa invisible, bajo el imperio de un urbanismo hecho principalmente para los automóviles, las mercancías y ahora los condominios.

Estimado lector, la verdadera revolución está en ir más lento, sin frenarnos, aprender de nuevo a ir a pie o a la velocidad gentil de una bicicleta.- Mérida, Yucatán.

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Ruben Osorio

@rubenosorio5

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*) Asesor jurídico y catedrático. Candidato a doctor en Derecho por la Universidad Anáhuac Mayab




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