La persona del año

Antonio Salgado Borge (*)

Edward Snowden

Pero matar hombres conduce tan sólo a matar más. Para hacer triunfar un principio lo que hay que abatir es un principio -Albert Camus, filósofo y premio Nobel de literatura francés

La tragedia suele envolver a quienes revelan la verdadera naturaleza de alguna de las sombras que conforman la imagen del mundo presente, construida siempre socialmente.

Platón lo entendió perfectamente; su hombre liberado sería vituperado o asesinado por los prisioneros a los que pretende explicar que lo que éstos consideran el mundo real es tan sólo una proyección, en la pared que funge como fondo de la caverna en la que éstos permanecen encadenados, de algo que ocurre realmente a sus espaldas. Platón retrata, influenciado sin duda por la fatal suerte que ha corrido su maestro, una versión extrema de una tendencia que desde entonces ha acompañado a la especie humana.

En las sociedades democráticas modernas un escenario tan radical es muy improbable; pero a pesar del apoyo de intelectuales, académicos, ciudadanos conscientes -casi siempre grupos minoritarios- existen otro tipo de finales injustos -como la prisión, el exilio o el escarnio- para este tipo de personajes, quienes en ocasiones quedan a la deriva y a merced de los beneficiarios del statu quo, sin que su destino preocupe gran cosa al grueso de la población. Este artículo, el último que escribo en 2013, está dedicado a Edward Snowden, náufrago político cuya contribución a la humanidad es, a mi juicio, de tal magnitud, que amerita ser publicitada para posibilitar su revisión y revaloración.

Durante su trabajo como contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), Snowden fue uniendo los puntos de una figura que, una vez reconocible, le llevó a entender los alcances e implicaciones de las operaciones de la agencia para la cual trabajaba y a exponer, desde el exilio, la naturaleza y componentes de la más sofisticada red de espionaje jamás concebida por el ser humano, cuya arquitectura he descrito en una columna anterior ( http://yucatan.com.mx/editoriales/un-mundo-datificado) publicada por el Diario de Yucatán el 14 de Julio de 2013.

El mundo ha sido ingrato con Snowden, quien permanece exiliado en Rusia. A pesar de sus reiteradas solicitudes de asilo, temerosa, cómplice o convenenciera, la comunidad internacional le ha vuelto la espalda. Sin embargo, es la fría indiferencia con que los cibernautas han tomado esta noticia lo que resulta más sorprendente. De acuerdo con una encuesta de “The Washington Post” (20/11/2013), 60% de los norteamericanos considera a Snowden un criminal (11 puntos porcentuales más que en julio) y 54% no cree que el espionaje de la NSA constituya una violación a su privacidad.

El pasado 25 de diciembre, Edward Snowden anunció que su misión se ha cumplido y proclamó su triunfo: “No pretendía cambiar a la sociedad, sino dar a la sociedad la oportunidad de cambiarse a sí misma”, aseguró (“The Guardian”, 25/12/2013). A pesar de la abulia con que ha reaccionado un sector mayoritario de cibernautas, Snowden tiene razón: su misión está cumplida y ya ganó. Sin embargo, su triunfo no sólo será moral, como se ha postulado, sino también legal.

Los más prestigiados medios de comunicación norteamericanos e internacionales han dado a este tema un lugar privilegiado a lo largo del año, enterando del asunto puntualmente a sus importantes audiencias; situación que ha llevado a Barack Obama a admitir que los beneficios del programa podrían no valer las preocupaciones que genera su potencial abuso y a encomendar un estudio a un panel de expertos cuyo veredicto se expresa en 46 recomendaciones, en las que se proponen reformas a la hasta ahora secreta corte Fisa, limitar a la NSA y sugerencias para quitar de las manos del gobierno el resguardo de datos ciudadanos.

Tal como cinco premios Nobel y más de 500 escritores han afirmado en un desplegado al respecto, la vigilancia vuelve al individuo transparente ante el Estado opaco, atenta contra presunción de inocencia y, básicamente, constituye un hurto de información personal (“The Guardian”, 10/12/2013). Gracias a Snowden, el sentido ascendente que seguían los discrecionales designios que justificaban la invasión a la privacidad paridos durante la guerra contra el terror de George W. Bush, calificados recientemente por un juez de distrito como “casi orwellianos”, ha sido detenido y se ha propuesto establecer una base para reconciliar la distinción entre dos tipos de seguridad: la nacional y la privada (“The New Yorker”, 20/12/2013).

El porcentaje de tareas que se desarrollan en plataformas “on line” es cada vez mayor. Proporcionalmente, los seres humanos hemos migrado gradualmente nuestro espacio y nuestro tiempo a un mundo que, ahora sabemos, no sólo erradica nuestra privacidad, sino que escapa de nuestra esfera personal de dominio. Las revelaciones de Snowden han evidenciado que, entretenidos con las figuras que se proyectan ante nuestros ojos, nos hemos vuelto espectadores pasivos incapaces o indiferentes ante el cotidiano trueque de nuestra libertad a cambio de nuevas sombras.

Si bien siempre habrá alguien con acceso a los recursos suficientes para modelar y aprovecharse de este escenario, el valor demostrado por Edward Snowden nos recuerda que la virtud es también parte de la naturaleza humana y que siempre habrá personas dispuestas a sacrificar su presente, con tal abrir camino a una idea que nos lleve al progreso de nuestra inacabada humanidad.

Platón y Orwell tendrían algo que decir al respecto.

Excurso

Aprovecho la ocasión para desearle a usted, lector, un próspero 2014 y agradecerle sinceramente el favor de su lectura a lo largo del año que en pocos días termina.- Mérida, Yucatán.

[email protected]  / @asalgadoborge

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*) Maestro en Estudios Humanísticos. Profesor de la Universidad Marista de Mérida




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