La democracia, aplastada

Filiberto Pinelo Sansores (*)

El atraco a la nación

Al pueblo no se le dio la oportunidad de intervenir. En unas cuantas horas, mediante los acostumbrados mecanismos del fast track, la más transcendental de las reformas impuestas al país en los últimos 75 años, la energética, fue aprobada en el Congreso de la Unión por el privilegiado grupo de sedicentes representantes populares que, mientras devienen millonarios sueldos e insultantes aguinaldos, favorecen intereses ajenos a los del pueblo o la nación, si así lo dicta el interés de los amos a quienes realmente sirven.

Los principios más elementales de la democracia fueron aplastados en aras del afán de sus controladores por obtener, lo más pronto posible, los millonarios beneficios que por debajo del agua las grandes empresas trasnacionales les darán por haberles entregado el más preciado tesoro de los mexicanos, del mismo modo como antes ha ocurrido, invariablemente, con todas las privatizaciones que se han hecho en México, que han dejado políticos sumamente ricos sin que el pueblo haya salido nunca de las condiciones de abandono y pobreza en que siempre ha estado.

El gobierno de Peña Nieto y sus aliados panistas se negaron a escuchar la voz del país. No permitieron que se hiciera la consulta ciudadana que ameritaba el cambio histórico de la envergadura del que llevaron a cabo. Ninguno de los dos partidos, PAN y PRI, cuando estuvo en campaña puso en su plataforma electoral que plantearía o apoyaría la privatización del petróleo. Ni tampoco lo hicieron el Presidente del país ni los diputados y senadores que lo han secundado; menos los diputados locales que, finalmente en los congresos estatales en que la mancuerna tiene mayoría y donde, encerrados y protegidos por cercos policíacos, como en Mérida, han dado la aprobación definitiva.

Era obligado, en consecuencia, haber realizado esa consulta antes de proceder. Pero no sólo se guardaron muy bien de permitir que se llevara al cabo sino que han estado maniobrando para que ni en el futuro se haga. Le tienen miedo al pueblo.

Para cerrar el último resquicio que le queda a éste para revertir civilizadamente el atentado que contra él cometieron, PAN y PRI se han opuesto en el Congreso de la Unión a la aprobación de la ley secundaria sobre consulta ciudadana, que podría servir para que finalmente opinara.

Quién lo dijera, el partido que ha presumido de ser el más demócrata que existe sobre la tierra, el PAN, acaba de quitarse la máscara. Impidió, rompiendo el quórum, que en la sesión del Senado del viernes 13 se aprobara la Ley Federal de Consulta Popular. Y su homólogo, el PRI, en franca camaradería encontró la salida perfecta para trasladar dicha aprobación hasta febrero del próximo año.¿Puede decirse que vivimos en una democracia cuando en los asuntos más trascendentales para su futuro al pueblo no se le consulta, sino, por el contrario, trata de impedírsele que opine? ¿Dónde queda pues aquel retintín que frecuentemente escuchamos de que “debe haber tanta sociedad como sea posible y sólo tanto Estado como sea necesario”? ¿Puede llamarse a sí mismo demócrata quien se obstina en que el pueblo sea un mirón de segunda fila y busca pretextos para que su voz siga enjaulada?

En este país, cuya clase política está corrompida hasta la médula y con instituciones de justicia al servicio de los grandes delincuentes de la política, como muchas veces se ha visto -el más reciente ejemplo es la exoneración de Raúl Salinas, al que le fueron devueltos los multimillonarios bienes que saqueó a la nación- la brutal ofensiva propagandística del gobierno, por todos los medios de comunicación, para hacer creer a los mexicanos que esta venta de garaje será beneficiosa al país, no puede ocultar el espíritu del nuevo Antonio López de Santa Anna, anidado en el cuerpo del presidente de México que, para regocijo del gobierno de Estados Unidos -que ha aplaudido de pie lo hecho- les ha regresado a los grandes monopolios de su país el petróleo que antaño un patriota les quitó.

Es bestial el desaseo con que han procedido los encargados de llevar a las vías del hecho este atraco a la nación y al pueblo de México. ¿Se saldrán con la suya? Quién sabe. Esta historia aún no termina.- Mérida, Yucatán.

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*) Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa




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