Increíble, sin un disparo

Damien Cave, Randal C. Archibold y Ginger Thompson (*)

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Cómo un capo encima de la ley cayó (y 2)

Una media docena de otros siguieron y con cada detención y embargo los funcionarios mexicanos se aseguraron de enfatizar que estaban buscando a Zambada. La verdadera naturaleza de la operación nunca se filtró -en parte debido a la leyenda del señor Guzmán-. Nadie parecía sospechar que bajaría de sus escondites secretos en las montañas de Sinaloa, o más lejos, en Guatemala o en cualquier otro lugar.

¿Y cuánto importa si lo hizo? Los expertos sospechaban que había delegado gran parte del trabajo diario y las drogas se habían movido hacia el Norte de esta región fértil desde la Segunda Guerra Mundial, cuando el gobierno estadounidense necesitaba opio para sus soldados heridos. Con una demanda de heroína creciendo, nadie duda que el comercio -”la vida”, como algunos lo llaman aquí- seguirá.

Pero con un impulso en Culiacán, funcionarios estadounidenses dijeron que los marinos mexicanos comenzaron a creer que en realidad podrían conseguir el objetivo que se había escapado de sus manos tantas veces antes.

Un pequeño equipo de agentes estadounidenses con la DEA y el Servicio de Alguaciles de Estados Unidos se integró a los infantes de Marina mexicanos, dijeron funcionarios estadounidenses y mexicanos, y en sus filas también la confianza iba en aumento, mezclándose con la impaciencia. Conforme los días se volvían semanas había una sensación de que los funcionarios mexicanos querían terminar las cosas, sobre todo después de que una redada condujo a lo que parecía ser un escape milagroso.

Trabajando según la información de algunos guardaespaldas de Guzmán, infantes de Marina mexicanos y agentes estadounidenses asaltaron la casa de su ex esposa el jueves. Tras batallar para derribar la puerta de acero reforzado, según autoridades mexicanas, ya era demasiado tarde: en vez de encontrar a sus presas, descubrieron una puerta secreta debajo de una bañera, que dio lugar a una red de túneles y canales de drenaje que conectaban a otras seis casas.

La búsqueda continuó pero los arrestos anteriores y la inteligencia apuntaban al Sur, a Mazatlán, uno de los primeros centros turísticos de México.

No se sabía que Guzmán pasara mucho tiempo aquí, empresarios locales con toda una vida de conocimiento de las conexiones de Sinaloa a la comunidad dijeron que no hubo avistamientos conocidos del “Chapo” ni serios rumores a lo largo de sus muchos años en el poder.

El edificio que eligió, llamado Miramar, fue construido hace una década, dijeron, y estaba lleno de una mezcla de turistas -mexicanos y jubilados estadounidenses y canadienses- que iban y venían a lo largo del año. Antes del amanecer del sábado por la mañana, parecía ser sólo otro lugar para disfrutar de la vista. Pero cerca de 12 horas antes, una llamada telefónica interceptada al teléfono celular de Guzmán ya había provocado la orden de moverse. En la oscuridad de la noche los vecinos oyeron golpes en las puertas, de acuerdo con entrevistas a través del intercom de los apartamentos. Funcionarios estadounidenses dijeron que los equipos no sabían en qué apartamento estaba. Luego vino un choque. Para cuando los jubilados de la cuadra escucharon helicópteros -”Estaba esperando oír disparos”, dijo una mujer canadiense- todo había terminado.

Guzmán fue detenido junto con otro hombre, informaron las autoridades mexicanas. Algunos informes dicen que las autoridades también encontraron a una mujer en el apartamento y fotos de la habitación muestran dos maletas de niño color rosa sobre la cama, lo que sugiere que Guzmán estaba con su esposa y sus hijas gemelas de dos años, nacidas en el condado de Los Ángeles. Sin embargo, funcionarios estadounidenses dijeron que estaban sorprendidos por lo que no había allí: un alijo de armas. Ni un solo tiro fue disparado. Los residentes locales ponen en duda la operación por esa razón exacta. “Todo el mundo piensa que fue una captura negociada”, dijo un líder empresarial local.

Que esto ocurriera sólo unos días después de que el presidente Obama visitara México, en una semana en que las cifras oficiales mostraron que la economía creció un 1.1%, sólo se ha añadido al escepticismo. Incluso después de fotos y pruebas forenses, muchos aquí, jóvenes y viejos, no creen que el hombre de bigote sacado ante las cámaras el sábado -y ahora confinado en una prisión mexicana de alta seguridad, dijeron funcionarios- sea realmente al que llaman “Chapo”.

“Es una fantasía”, dijo Ofelia Aguilar, de 52 años, mientras caminaba en un barrio pobre llamado Santa Mónica, aún lleno de familias que se han visto obligadas a huir de la anarquía del campo sinaloense donde Guzmán creció. “Tiene que ser otra persona. Simplemente no lo creo”.- Mazatlán, Sinaloa.

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*) Periodistas. Damien Cave, Randal C. Archibold contribuyeron desde la ciudad de México y Ginger Thompson, desde Nueva York. Publicado por “The New York Times”




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