Impulso a los proyectos de traspatio

Impulso a los proyectos de traspatio

Roger Antonio González Herrera (*)

Año internacional de la agricultura familiar

La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró 2014 como el “Año Internacional de la Agricultura Familiar. Este asunto ha sido poco comentado en nuestro país, no obstante que México, como integrante de la ONU, es uno de los países suscriptores.

Pero ¿qué es? Es la agricultura a pequeña escala y que depende principalmente de la mano de obra familiar, la cual está ligada a la seguridad alimentaria y al rescate de los alimentos tradicionales, la que contribuye a una dieta equilibrada y a la comercialización local de los excedentes de la producción que se da principalmente en los huertos de traspatio, la milpa, la granja o la pequeña propiedad.

A propósito de dicha declaración, se crearon en coordinación con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) unos 50 comités civiles nacionales. La mayoría de los cuales se reunieron en Abu Dhabi a finales del mes de enero pasado con el propósito de aprobar las demandas fundamentales que serán objeto de negociación con los gobiernos a lo largo del año. En lo que ya se conoce como la “Declaración de Abu Dhabi” se sugiere que la Agricultura Familiar se convierta en el pilar del desarrollo sólido y sostenible. Se reconoce que esa actividad no ha contado con el apoyo público efectivo y pleno de la mayoría de los países. En consecuencia, las organizaciones firmantes exigen que las naciones apliquen una asignación transparente y apropiada de recursos al presupuesto agrícola nacional.

Considero que la “Agricultura Familiar” puede ser usada como eje fundamental para la erradicación del hambre, la desnutrición y la pobreza por los gobiernos de los tres órdenes. Lamentablemente, en nuestro Estado las políticas dirigidas al agro no se implementan con esa visión. Hoy vemos el regreso de los eventos faraónicos que poco aportan a la competitividad, las entregas masivas de pollitos y las declaraciones de obras fantasmas de las que nadie sabe dónde se encuentran (como las 8,000 hectáreas inexistentes de riego que presumió en el primer informe el gobierno del Estado) y los apoyos corporativos a los mismos de siempre.

A propósito de la declaración de la ONU, sugiero que los municipios destinen una parte importante de sus recursos para impulsar proyectos integrales de huertos de traspatio en las comisarías o localidades de mayor pobreza y marginación. Que incluyan un programa amplio de extensionismo con técnicos que capaciten a las familias tanto en técnicas de producción orgánica como en la incorporación a su mesa de lo que producen. Como sugiere el dicho, no se trata de dar el pescado, sino de enseñar a pescar.

Regularmente los recursos que los municipios reciben vía el Ramo 33 los utilizan para obras de relumbrón, como arcos de entrada a sus municipios, para demoler parques y volver a hacerlos o para reconstruir calles de dudosa calidad (de “frijol colado”). Indudablemente hay obras de infraestructura pública que son necesarias, como calles o agua potable, pero deben los municipios destinar una parte de sus recursos a fomentar el autoempleo y al combate directo del hambre y la desnutrición.

La normatividad para la ejecución de los recursos del Ramo 33 del presente año lo permiten. Los lineamientos del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social (FAIS) establecen en su catálogo de obras los “Huertos Comunitarios”, con lo cual los alcaldes pueden diseñar con sus equipos programas de impulso a la Agricultura Familiar como sugiere la ONU y contribuir directamente a mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos más desprotegidos.- Mérida, Yucatán.

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@rogergonzalezh

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*) Profesor




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