Imposibles de Rolando

Jorge R. Muñoz Menéndez

Breviario
Aunque cada día responde más a cuestiones técnicas y predecibles, la actividad política en México sigue navegando por un amplio mar de decisiones subjetivas y, por momentos, complicadas para pronosticar.

Esos vaivenes incluso en la ruta misma son los que cada tres o seis años alientan en algunos la esperanza de que se produzca un cambio, por ilógico que parezca, y no sólo en los políticos sino en el sistema mismo.

Esas remotas posibilidades son las que nos hacen a varios pecar de ilusos al apostarle a una conversión al estilo de Saulo, que personificada ahora por éste o aquel, recrearían a un “san Pablo” yucateco dándole la espalda a su pasado y socios y comprometiéndose a muerte con el bien común, la verdad y la justicia.

¿Pero a qué vienen estos tres párrafos? Bueno, a tratar de responder a una pregunta recurrente: ¿Qué podemos, a fin de cuentas y cuentos, esperar de Rolando Zapata Bello como próximo gobernador del Estado?

La respuesta tiene que partir del cajón de la lógica, de donde salen por montón elementos que ya se analizaron y encadenan al candidato del PRI a un desempeño que no inspira confianza.

Rolando no las tiene todas consigo, pues no sólo su pasado sino su equipo lo condenan. Es entonces relativamente fácil saber qué podemos esperar del próximo gobernador:

-En lo fundamental, una lucha a muerte por mantener en el poder al modelo priista, con todas sus injusticias, impunidades y mentiras. Sólo aflojaría las riendas cuando sea imprescindible y como parte de una estrategia global para a fin de cuentas sostenerse como el cerrajero de un aparato autoritario y una economía desequilibrada.

Sin embargo, dentro de ese estilo de hacer política hay variantes y es lógico suponer que con Rolando las frivolidades, torpezas y descaros de Ivonne Ortega Pacheco tal vez no serán de la misma intensidad e incluso podrían disfrazarse mejor para atraer cómplices entre algunos que hoy critican a la ola roja.

Pero por tratarse de cuestiones cosméticas y secundarias, de poco servirán para salir de la crisis que nos agobia y tampoco le serán de mucha utilidad al propio Zapata Bello pues por esa vía no logrará engañar permanentemente a una sociedad muy lastimada por los malos gobiernos.

Tal vez por considerarnos tercamente optimistas preferimos pecar de ingenuos y creer, apenas se divisa una oportunidad, en “el ahora sí” y en los enunciados que calan hondo y suelen adornar todos los discursos y programas de gobierno.

Es por ahí donde creemos que el priista puede o cuando menos tiene la oportunidad de ser lo que dice que es y quiere hacer.

Apoya esa tenue esperanza que será el primer gobernador en mucho tiempo que llegará a Palacio con preparación académica, que es una buena herramienta para saber revisar, analizar y decidir. Hace 17 años Yucatán carece de un jefe del Ejecutivo con trayectoria universitaria.

Podríamos, en ese campo de la ilusión, considerar también que su interpretación de la disciplina lo llevó a obedecer consignas y que ahora, una vez que asuma el mando, podrá girar los grados necesarios para aproximarse a la esencia del servicio público, que hoy está tan distante por ser el sector oficial un club antipopular y arbitrario.

Rolando presume de una estabilidad personal y familiar que hoy es rara avis en las altas esferas oficiales, pero es un elemento clave para no extraviar constantemente la ruta, y no rehúye por norma la confrontación de ideas. Eso le abrirá casi en automático puertas que primero cerró y luego le cerraron a su antecesora.

Tiene equipo político y muy extendido. Eso le evitará caer en improvisaciones o arreglos lamentables a la hora de armar gabinetes e incorporar voces y mentes nuevas, y no precisamente con disfraces de virreyes.

Todas estas ramas, si bien resultan ornamentales cuando el tronco está podrido, son las que deberían estar dándole fuertes dolores de cabeza a Rolando en sus caminatas, pues marcar distancias, señalar diferencias y sembrar esperanzas es la única vía que, tras romper los incómodos cordones políticos umbilicales, lo convertirían en el gobernador que dice va a ser, sorprendiendo así a miles de yucatecos que no votaron por él o vendieron sus votos votando por él.

Los imposibles de ayer y hoy en la vida de Rolando serían así los únicos posibles salvavidas de su gestión como buen gobernador… Pero mejor ver para creer.

Cascabel

Cada piquete o zumbido de mosco nos recuerda el mal gobierno que padecemos.- Mérida, Yucatán.


Volver arriba