Importante enseñar a pescar

Alberto López Vadillo (*)

Reflexiones penitenciarias

Siempre me he preguntado qué piensa un gobernador cuando acude a un Centro de Reinserción Social; debe ser una sensación extraña porque es otorgar su tiempo, los recursos del estado y una especie de reconocimiento a quienes con sus acciones lastimaron a la sociedad que él representa.

Ciertamente, desde hace unos años éste se ha convertido en un evento cada vez más intrascendente, su motivador principal que era el otorgamiento de las libertades anticipadas por buen comportamiento a internos que cumplían sentencias largas, desde mediados del sexenio de Patricio Patrón se dejaron de dar, ya que esta tarea le empezó a corresponder al Poder Judicial, con sus jueces de ejecuciones y sanciones; así que, ahora, el Ejecutivo sólo puede otorgar libertades a través del pago de multas, cauciones y reparaciones de daño a personas que cometieron delitos menores. Aunque, aquí entre nos, estimado lector, a muchos de ellos los vemos de regreso antes de la Semana Santa, dejando entre los internos que se esfuerzan por mejorar cada día de sentencia que cumplen una sensación de desperdicio de recursos y, por qué no, de injusticia.

Este año la visita anual del gobernador fue el domingo a la una de la tarde y esta administración se ha caracterizado por ser muy puntual en el inicio de sus eventos, así que, terminando la misa de 12 del día, donde participa nuestro coro, me acerqué a donde ya se había iniciado el evento, en la parte de atrás, y me encontré a “Mojarra”, un pescador de Celestún que cumplía su año 21 de una sentencia de 25; tenía 39 años de edad cuando llegó en 1992. Ahora, con casi 60 años, ha visto pasar a cuatro gobernadores, cada uno con características diferentes.

“Mojarra” me explicaba con su particular estilo y lenguaje de pescador lo que él entendía de estos eventos: “Psicólogo, de los cuatro gobernadores que me han tocado, todos nos ‘traen pescados’; el difunto ‘Balo’ Cervera traía ‘pescados grandes’, otorgaba libertades importantes, la gente lo esperaba ansiosa, traía trabajo y lo anunciaba en la ceremonia, como cuando anunció que todas las sillas de las escuelas del estado se harían en la carpintería del penal; llegamos a tener hasta tres turnos para salir con el compromiso.

“Después llegó Patricio Patrón y no fue igual, él trajo la optimización de recursos y nos quitó mucho de ese trabajo, era como si hubieran llegado las épocas de ‘veda’, sólo se seguían haciendo los uniformes de los policías del estado en la maquiladora.

“Después llegó Ivonne Ortega y trajo mucho pescado, pero muy chiquito, como cuando recala la marea roja en el puerto y sólo de esos hay, aunque siempre traía muchas esperanzas de que las cosas mejorarían. Ahora, con este gobernador, sería bueno que nos ayudaran a pescar por nosotros mismos, ¿no crees, ‘psicólogo’?”. Me miró sonriendo después de la interesante y singular metáfora que sintetizaba el trabajo de los gobernadores del estado.

Entendemos que esta es otra generación de gobernantes, personas más preparadas que se acercan al ideal del servidor público, hombres y mujeres con conocimientos específicos, expertos en el área que dirigen y además con una extraordinaria vocación de servicio, sabemos que, sin embargo, el sistema es complejo y absorbente, pero parte de este proceso debe ser intentar cosas distintas, al menos para obtener resultados distintos.

Hace unos años cuando cursaba la maestría en Desarrollo Organizacional, estudiábamos a un autor que en ese entonces revolucionaba la gestoría y administración de los negocios; este año fue reconocido con el Premio Nobel de la Paz. Me refiero a Muhammad Yunus, quien desarrolló el concepto de las empresas sociales, un negocio sin pérdidas ni dividendos avocado enteramente a alcanzar un objetivo social.

En este marco, el profesor Yunus creó una nueva modalidad de negocio que no se trata sólo del interés privado, sino del beneficio colectivo: la salud, la nutrición, la inclusión económica y la seguridad de todos, en especial la de los menos privilegiados. ¿Les suena conocido, estimados lectores?

Una empresa social es entonces un negocio desinteresado cuyo propósito es poner fin a una necesidad social, porque la compañía está dedicada en un 100% a la causa social, la noción del lucro personal desaparece.

Es así, que pensamos que el Centro de Reinserción Social podría ser esta especie de laboratorio en donde se pueden incubar proyectos de desarrollo humano y social como éste, que después puedan ser replicados en otros ambientes con características similares. En próximas entregas propondremos cómo desarrollar estos innovadores conceptos. Todo sea por dejar de darle pescados a la gente y comenzar a enseñarlos a pescar. Que así sea…- Mérida, Yucatán.

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*) Psicólogo. Interno del Cereso meridano

El Centro de Reinserción Social podría ser una especie de laboratorio en donde se pueden incubar proyectos de desarrollo humano y social…




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