Una difícil decisión

Ramón Valdés Elizondo (*)

Expropiación

Durante los últimos días parece haberse abordado con intensidad un tema que en lo personal me ha tenido preocupado durante los últimos años: el de la vialidad en Mérida. En varios editoriales publicados en Diario de Yucatán le he compartido diagnósticos y propuestas que nuestras autoridades podrían utilizar para sanear este problema. Insisto, uno de los grandes problemas de las grandes ciudades del mundo es el transporte; de hecho, gran parte de su presupuesto en obra se destina a mejorar las vías de comunicación y el transporte público.

Mérida es una ciudad que ha sido superada por su propio crecimiento. La irresponsabilidad y total carencia de visión de las administraciones la han convertido en una urbe parchada, inconexa, desarticulada…

El otorgamiento de permisos de construcción sin la más mínima planeación, el desarrollo habitacional sin la exigencia de avenidas adecuadas, el temor de tomar decisiones profundas para reordenar el transporte público, las calles anchas que de la nada se reducen o incluso se interrumpen, glorietas donde debería haber semáforos o pasos a desnivel, la ausencia de semáforos inteligentes, en fin…

Hoy por hoy el problema se comienza a complicar, desafortunadamente Mérida no es una ciudad con vocación peatonal; su extensión, la falta de andadores y árboles que protejan al peatón de las inclemencias del sol y la carencia de un transporte público eficiente alejan esa posibilidad y la convierten en una urbe para vehículos particulares.

La vialidad en Mérida está atrapada en un círculo vicioso del que parece haber sólo una salida: la expropiación. Sin ejes viales que permitan el tráfico fluido desde sus puntos cardinales, sin un circuito interior o avenidas amplias (de tres carriles al menos) que conecten las principales colonias o puntos de afluencia, no se puede tener movilidad ágil y tampoco se puede contar con un transporte público eficiente. Debido a nuestro suelo es costosísimo hacer túneles y pasos deprimidos; sin espacio entre las avenidas tampoco se podrían construir distribuidores viales.

La realidad es que estamos llegando al punto que han tenido que enfrentar otras ciudades en las que se vieron en la necesidad de utilizar el complicado e impopular recurso de la expropiación. Es complicado que un gobernante tenga el tamaño, la visión y la responsabilidad social de tomar este tipo de decisiones; todos están más preocupados por su carrera política y popularidad que en hacer lo que se debe hacer. El temor se acentúa ya que sin falta los rivales políticos aprovecharían esta oportunidad para rasgarse las vestiduras y desgañitarse en “defensa de los derechos ciudadanos”. La realidad es que con independencia del gobierno que tomara una decisión de trascendencia como ésta, el futuro y el desarrollo de nuestra ciudad terminaría por reconocer esta decisión con aplausos.

En la ciudad de México fue muy impopular la decisión de Carlos Hank de expropiar cientos de casas para abrir los ejes viales, pero sin una decisión de ese calado, la capital del país sería simplemente intransitable (o tendría tres o cuatro pisos).

Debemos entender que Mérida ya no es una ciudad mediana; para los estándares internacionales la ciudad blanca ya es una metrópoli y tenemos que asumirla y confeccionarla como tal. Además de la generación de empleos y el movimiento económico que implica la repavimentación, la construcción de ejes viales, de distribuidores o pasos deprimidos, contar con arterías adecuadas permite replantear el transporte público y mejorar la calidad de vida. Estoy muy consciente de que no es una decisión sencilla, pero para tomar decisiones complicadas hemos elegido a nuestros gobernantes ¿O me equivoco?- Mérida, Yucatán.

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Ramon Valdes escritor & pintor

@ram_valdes

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*) Escritor




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