Estamos atados de manos

Federico Reyes Heroles (*)

Cualquiera podría caer en el gazapo. Los impuestos gozan de tan mala fama que el anuncio podría ser visto como una gracia divina: ni nuevos impuestos ni aumento en los existentes por el resto del sexenio. Pero el asunto es más complejo: el Ejecutivo declara esa posición -ni alzas ni nuevos impuestos, ni IVA en alimentos y medicinas- y lo denomina Acuerdo de Certidumbre Tributaria. No queda claro con quién fue acordado pues en la mesa había importantes ausencias que hablan por sí mismas. Además, cómo conciliar la facultad exclusiva de la Cámara de Diputados en lo concerniente a Ley de Ingresos y Presupuesto de Egresos (Art. 74-IV de la CPEUM: “Aprobar anualmente el Presupuesto de Egresos…”) después de analizar la Ley de Ingresos. Quiero pensar que el Secretario de Hacienda no habló por los diputados, no adelantó el balance anual de los legisladores, que son la última instancia en la materia. Pero hay más.

Hacienda reportó que en enero la tributación aumentó 22.9%. Se podría decir que la tan cuestionada reforma fue un éxito. Pero en las mismas horas “México ¿cómo vamos?” dio a conocer un recuadro muy sencillo en el que se comparan las metas del gobierno federal con los últimos datos en nueve rubros: PIB, meta del 6 al 7%, dato 2013: 1.06%; empleos formales, meta de 1.2 a 1.5 millones anuales, dato: 422 en los últimos 12 meses; inflación, meta 3%, febrero 2014, 4.21%; inversión, meta del 24 al 26% del PIB, dato en 2013 fue 21%. Hay algunas notas buenas en productividad laboral, en materia de competencia, en exportaciones a EE.UU. y en el combate a la pobreza extrema. Pero la competitividad como país no se movió. Los claroscuros continúan, el índice de confianza del consumidor se desplomó 15%, las ventas de WalMart cayeron 3.8%, ambos datos anuncian una contracción.

Se recaudan más impuestos pero la economía está aún lejos de iniciar una recuperación franca. La mitad de los mexicanos piensa que la economía está en crisis, 42% que pasa por un mal momento y sólo un 6% manifiesta que está fuerte, como lo comentó Leo Zuckermann ayer. Y no es para menos, los precios de productos básicos se han incrementado -por diversos motivos, desde sequías hasta la violencia- de manera desproporcionada afectando a los más pobres. Si a eso le sumamos los tropiezos de EE.UU. tendremos que admitir que el escenario no es prometedor. ¿Era éste el momento para amarrar artificialmente el andamiaje recaudatorio por cinco años? Recordemos que el Coeficiente de Desigualdad o Índice de Gini, que mide la potencial corrección de ese mal antes y después de pasar por la criba fiscal, en el caso mexicano simplemente no se mueve. El principal instrumento con el que cuenta cualquier estado para corregir la desigualdad es el aparato recaudatorio, el nuestro tal cual no está corrigiendo esa vergüenza.

Pero el Acuerdo tiene otras consecuencias gravísimas. Al descartar el IVA generalizado, incluyendo medicinas y alimentos con tasas diferenciadas, de hecho se cancela la posibilidad de caminar hacia un sistema universal de salud sanamente financiado, una de las metas planteadas por el presidente Peña Nieto desde su campaña. Recordemos las cifras, el IMSS -que está quebrado por las pensiones pactadas- cubre alrededor de 31% de la población. El Issste -también quebrado por el mismo motivo- cubre poco más del 5.5%, pero uno de cuatro mexicanos no tiene ninguna filiación. El Seguro Popular -que cubre casi 37%- es, desde una perspectiva humanista, algo muy loable, pero, un problema muy serio, no está financiado por los beneficiados, ese apoyo surge de nuevo de contribuyentes cautivos. Pero dada la insuficiencia y deficiencia de los servicios institucionales, los pacientes acuden con frecuencia al médico privado. Mientras en los Países Bajos los pacientes gastan alrededor de un 6% o en EE.UU. un 12.3%, en México erogan casi 50% del total de servicios de salud. Muchos pagan sus cuotas del IMSS o Issste, pero acuden a la medicina particular.

Los seguros particulares tienen una muy baja penetración, de tal manera que los gastos en salud de los mexicanos con menores ingresos son una de las explicaciones centrales de la desigualdad. De ahí la enorme importancia para la justicia social de la universalización del servicio. De caminar hacia allá México mejoraría el Índice de Desarrollo Humano y veríamos caer la movilidad descendente; es decir, la historia de las familias que se empobrecen a lo largo de la vida, en buena medida, porque una enfermedad acaba con su patrimonio.

Todos los humanos cometemos errores, la diferencia es que unos no los admiten, se entercan, no corrigen y no salen. Los otros enmiendan y salen. La velocidad con la que llega la corrección habla de una inteligencia que se sobrepone a la soberbia. El Acuerdo nos ató las manos, todo en un país al que le urge una reforma fiscal de fondo. Bajar el ISR empresarial, generalizar el IVA, desaparecer las cuotas institucionales deberían estar en el horizonte. Veremos.- México, D.F.

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*) Analista político




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