¿Es que Cristo está dividido?

Teresa Ochoa Godoy (*)

Ante un mundo en violencia lacerante

Miramos hacia el mapamundi: focos rojos de países en guerra… en México la violencia avanza… En Michoacán ya no se escuchan los cantos: “México lindo y querido…”… el pueblo sólo grita: ¡PAZ! tratando de evadirse entre ataques de tres fuegos cruzados…

Miremos ahora sólo el mundo de los bautizados, que se dicen ser Cristianos: las familias aparecen como estrellas brillando en un trasfondo oscuro de división; los funcionarios públicos son como unas cuantas chispas opacas iluminadas por su amor político y “humildad social” (Evangelii Gaudium No. 240) sobre un negro trasfondo de soberbia, afán de poder y de lucro a costa del pueblo…

Y dichos cristianos, divididos en “denominaciones” sólo mirando azorados… en vez de proclamar el Evangelio de la Paz. Cristo es nuestra paz (Efesios 2, 14). Pero ¿cómo proclamarlo creíblemente si su Cuerpo Místico está dividido? (I Corintios 1, 13). Católicos por un lado, Protestantes por acá, Ortodoxos por allá. Hacerlo así es un escándalo. Dice el papa Francisco:

“Dada la gravedad del antitestimonio entre cristianos, la búsqueda de caminos de unidad se vuelve urgente. Los signos de división entre los cristianos en países que ya están destrozados por la violencia agregan más motivos de conflicto por parte de quienes deberíamos ser un atractivo fermento de paz” (Evangelii gaudium, No. 246)

Hermanos Cristianos: Ya es hora de despertar de nuestra inconsciencia, ya es hora de unirnos bajo la bandera de la paz. “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5, 9).

¿Por qué no hacer hincapié en nuestro Credo Común de los Apóstoles, en nuestros valores éticos y espirituales? Tenemos tanto que aprender de la riqueza natural y de gracia que Dios ha sembrado en todos y cada uno de sus hijos, nuestros hermanos…

Si las últimas causas de la violencia a todos los niveles humanos son la injusticia social, por falta de valores éticos, y, en última instancia del alejamiento del Dios humanado, del Señor Jesús, proclamemos unidos los Cristianos a Jesucristo: ¡Él es nuestra paz! (Ef. 2, 14).- Mérida, Yucatán.

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*) Religiosa de Jesús María



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