El pueblo muere lentamente

José Enrique Gutiérrez López (*)

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Los salarios mínimos

Cuando el Estado deja morir lentamente de hambre a la población, comete un genocidio -Yo lo digo

Superada la etapa animal del hombre, se suponía su comportamiento sería “más humano”. Había adquirido, por la evolución: razón, entendimiento, discernimiento y una conciencia por la que podía diferenciar lo bueno de lo malo. Se había convertido en un ser social y había creado instituciones -precarias primero, avanzadas después- gubernamentales, económicas, familiares y políticas, en las que fundamentaba la convivencia pacífica con sus semejantes. Después de miles de años de “progreso” ya no tenía que luchar por conservar su territorio ni matar para defenderse.

Pero no ha sido así. Lamentablemente, el hombre es un ser ambicioso, envidioso y soberbio. En sus ansias de poderlo todo, de tenerlo todo, de apoderarse de lo ajeno, ha cometido toda clase de crímenes. Pero uno de ellos destaca por su crueldad y vileza: el genocidio. Cientos de genocidios ha perpetrado el hombre, utilizando toda clase de justificaciones: políticas, religiosas, sociales, raciales, territoriales. Parte de la humanidad ha enfrentado a la otra por ésta u otras razones. Fulminantes han sido los ataques de los unos contra los otros, lo que ha dejado una estela de muerte y desolación a lo largo de la historia.

El hombre de ahora igual sigue matando por ambición, control, avaricia, y porque no ha podido controlar su mala entraña. Ya no es un genocida como el de antes, pero continúa siéndolo, aunque de una forma más sofisticada, encubierta y, pudiera decirse, discreta.

Pero no es sólo mediante la guerra, las conquistas, las invasiones, los cruentos enfrentamientos entre pueblos hermanos o clanes rivales como pueden los hombres matarse entre sí. También es posible matar lentamente a poblaciones enteras poco a poco: el hambre y la desesperación matan igual. La irresponsabilidad de gobiernos corruptos o negligentes puede hacer que los ciudadanos -sus gobernados- sean pobres, extremadamente pobres o indigentes. Así padecerán desnutrición y morirán por hambre. Esto es inaceptable. Una sola persona que muera por carecer de comida es una vergüenza para la humanidad. ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI padezcan hambruna países como Afganistán, Haití, Somalia, Zambia, Zimbabwe, Mozambique y República del Congo? (Fuente FAO) ¿Y la desnutrición en México?

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) sostiene que en el mundo 842 millones de personas no tienen lo suficiente para comer. De estos, 2.6 millones son niños menores de 5 años que mueren al año por mala alimentación. Que un adulto muera por carecer de alimento es terrible; pero que sea un niño el que la sufra es un crimen de lesa humanidad. En México hay 1.8 millones de niños desnutridos, 23 personas mueren diariamente a causa del hambre y la desnutrición. Casi una por hora.

Los salarios en México son de hambre. Representan una afrenta para el empleado, que no recibe un salario justo por el trabajo que desempeña, y son una vergüenza para su empleador. Aquí, como en otros países, existen los llamados salarios mínimos. Entiéndase por éste la suma menor pagada al trabajador que debiera ser suficiente para cubrir lo que le es menester y para adquirir los 80 productos que integran la “Canasta Básica”. Ésta, se dice, es el “conjunto de bienes y servicios indispensables para que una familia pueda satisfacer sus necesidades básicas de consumo a partir de su ingreso”. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe sostiene que casi 50 millones de personas en México carecen de la capacidad económica para comprar algunos de esos alimentos: apenas existen por debajo de la “línea de bienestar básica”. Además, casi 15 millones viven en la indigencia. Esto es, el salario mínimo resulta exiguo.

Pero no debemos preocuparnos. Ahora en México, con la sabia guía de Enrique Peña Nieto y su Cruzada Contra el Hambre, ningún mexicano padecerá desnutrición y mucho menos morirá de inanición. ¡No te rías! Como un complemento para que esto pueda darse -la no pobreza alimentaria- el Consejo de Representantes de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos acordó otorgar un aumento general a los salarios mínimos de las áreas geográficas “A” y “B”, para el año 2014, del 3.9 %. ¡Nótese la generosidad del incremento! En la zona económica “B”, en la que se ubica Yucatán, el salario mínimo para 2013 era de 61 pesos con 38 centavos. Aplicándole el “generoso” aumento del 3.9% resulta que el salario aumentó 2 pesos con 39 centavos, para quedar en 63 pesos con 77 centavos. ¡Un verdadero crimen! ¿Qué piensan los señores integrantes de la Comisión de marras que puede comprarse con esos miserables 2 pesos con 39 centavos? ¿Pensaran que esta ridícula suma pueda ser la diferencia entre vivir y morir?

Desde la conquista en el año 1521 y durante 300 años después, los aborígenes fueron relegados, discriminados y marginados. ¿Y de qué sirvieron los 500 mil muertos de la Guerra de Independencia que lucharon para darnos patria y libertad? ¿Valieron de algo el millón de muertos de La Revolución, el sacrificio de esos que combatieron para liberar al país del yugo de la dictadura del tirano y de un gobierno opresor y represor? ¿De qué ha servido tanto dolor y sangre derramada? ¿Qué no lucharon aquellos para que viviéramos en un país donde todos seríamos iguales ante la ley, con los mismos derechos y las mismas oportunidades para estudiar y trabajar? Parece que para los marginados -en los 200 años siguientes a la Independencia y hasta hoy- nada ha cambiado: siguen padeciendo abandono y pobreza.

En la época contemporánea, de la dictadura de una persona, pasamos a la dictadura de un PRI que nada ha hecho por mejorar las miserables condiciones de vida de la población. El PRI hizo ricos a sus militantes y más pobres a los pobres; los despojó y abandonó, dejándolos solos en una angustiosa existencia. Muerta de hambre en vida, la población apenas tiene algunas monedas para llevar a sus hijos el pan de cada día. Atestiguan esto 50 millones de pobres, 15 millones de hombres y mujeres en pobreza extrema y 25 millones de la clase menos favorecida y media, a punto de engrosar el número de los pobres.

Ya veremos qué resultados arrojará el gobierno de Peña Nieto quien, en mi opinión, sólo es más de lo mismo: podredumbre y corrupción. Soy pesimista, perdón.

¡No al olvido del 4 de julio!- Mérida, Yucatán.

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*) Ciudadano. Abogado y notario público. Tanatólogo. Cónsul honorario de Holanda




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