El éxito y la estrategia

Eduardo R. Huchim (*)

“El Chapo”

Si bien son inevitables las suspicacias, la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, cabeza de la más importante transnacional de la droga, es un gran éxito del presidente Enrique Peña Nieto, de Gobernación, Marina, PGR, PF, Cisen y otras instancias de seguridad.

Sin embargo, inferir de ahí que el Cartel de Sinaloa y el narcotráfico están derrotados y diezmados sería un error monumental. Al “Chapo” lo sustituirá el “Mayo Zambada” y cuando éste sea capturado o muerto, o no pueda consolidarse como heredero, vendrá otro capo para continuar las actividades de la más exitosa industria de exportación de México, aun cuando no pueda soslayarse su carga de violencia y sangre. Anteriormente he escrito que el liderazgo del narco tiene tal capacidad de regeneración, que recuerda a la salamandra porque a ésta le pueden ser amputados miembros, órganos e incluso partes del cerebro y es capaz de generar sustitutos.

Más allá de los efectos mediáticos internos y externos que tanto agradan al gobierno, la coyuntura invita a considerar un cambio en la estrategia de combate al trasiego de estupefacientes desde una nueva visión que se aparte del enfoque exclusivamente delincuencial e incluya los rubros político y económico, éste a partir de dos ángulos estrechamente relacionados: las narcodivisas y la expansión financiera de los carteles.

¿Qué le pasaría a la economía mexicana si repentinamente dejara de recibir los millones de dólares que, aunque nos resulten detestables, entran por el narcotráfico? ¿Hay capacidad para resistir esa eventualidad y absorber a los desempleados que tal cosa implicaría? ¿Estará ocurriendo lo que a las sexoservidoras que aportan recursos determinantes para el sustento de sus familias, pero éstas las repudian -a ellas, no al dinero- por dedicarse al trabajo sexual? Aquí se persigue a los narcos, pero sin sus divisas la economía podría afrontar graves problemas. ¿No es hora de regular ya el mercado generador de tales dineros?

Sé que es una reflexión provocadora, pero desde una mirada estrictamente económica, debiéramos cuestionarnos dónde está la racionalidad de perseguir, encarcelar y exterminar a nuestros más exitosos exportadores. ¿Se imagina el lector que hiciéramos lo mismo con los productores de tequila, ron y otras bebidas de alcohol, una droga más dañina que la mariguana y -sostienen algunos médicos- también peor que otras sustancias psicoactivas?

De ahí se sigue que la económica es otra de las razones para plantearse la regulación de las drogas. En este marco, resulta decepcionante que ni en el sector público ni en la sociedad se vea con simpatía la tímida y barroca regulación del cannabis propuesta por segmentos de izquierda para el Distrito Federal. Sin duda, el peso de un siglo de prohibicionismo resulta demasiado para la conciencia nacional.

 

Ahora bien, si se quiere seguir la ruta del prohibicionismo, la acción gubernamental no debe constreñirse a la persecución y captura de narcotraficantes, sino ampliarse a otras esferas. Previa suscripción de un acuerdo de los partidos para no proteger a correligionarios, se requiere actuar contra las élites políticas que han entrado en complicidad con la delincuencia organizada, sin importar su color partidario y contra el poderío económico de los carteles, mediante una bien articulada red de inteligencia financiera. Urge aplicar los controles judiciales, patrimoniales, sociales y anticorrupción que recomienda Edgardo Buscaglia en su libro “Vacíos de poder en México. Cómo combatir a la delincuencia organizada” (“Debate”, octubre de 2013), un verdadero manual para una lucha inteligente y sin concesiones ante todo tipo de corrupción (se presentó ayer miércoles en Minería).

Si no se emprende la ruta de la regulación y/o la de controles efectivos como los planteados por Buscaglia, la captura del “Chapo” será poco útil socialmente y -ojalá que no- su única secuela notable, aparte de la mediática, podría ser un aumento de la violencia causada por la disputa de la herencia -de poder, riqueza y territorio- del “Chapo” Guzmán.- México, D.F.

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@EduardoRHuchim

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*) Periodista




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