El compromiso incumplido

El compromiso incumplido

José Enrique Gutiérrez López (*)

I Informe de Gobierno, Rolando Zapata Bello

El 1 de octubre de 2012 el Congreso del Estado de Yucatán se encontraba repleto: políticos en activo y en la banca de todos los niveles de gobierno, comerciantes, industriales, del sector turismo, productores de toda clase de bienes, constructores, cónsules, gobernadores de otras entidades y más personalidades. Era la sesión solemne convocada para la toma de protesta del nuevo gobernador de la entidad, Rolando Zapata Bello.

Muchas eran las expectativas que la sociedad yucateca tenía de lo que diría que haría Zapata Bello en sus seis años de gobierno; y más se esperaba lo que diría que haría respecto del despilfarrador, desaseado, endeudado, despótico, mentiroso y saqueador gobierno de su predecesora, Ivonne Ortega Pacheco. Más conocida por su afición al protagonismo, la fiesta y la promoción de su imagen, la señora Ortega Pacheco había sido ya acusada de nepotismo y de permitir que funcionarios corruptos de su administración saquearan a su antojo las arcas de gobierno.

Los yucatecos en lo individual, grupos organizados, sociedades, asociaciones y las distintas cámaras que agrupan a quienes se dedican a una misma actividad, habían ya manifestado su indignación del tan bajo proceder de quien antes habían elegido como su gobernante. A gritos el pueblo exigía justicia, esa que no se daba porque los tres poderes de gobierno eran manipulados a su antojo por la gobernadora. De esta manera, ninguna queja, acusación o denuncia contra la señora Ortega Pacheco ni ningún otro funcionario público prosperaba.

Yucatán, pues, quería escuchar lo que Zapata Bello diría respecto de ese específico, espinoso tema. Por eso cuando dijo: “… Hay un valor que jamás toleraré que sea abandonado: el de la rigurosa honestidad. Aquí asumo un verdadero compromiso con la sociedad… yo combatiré la corrupción ferozmente” (Discurso de Rolando Zapata Bello, 2012), todos los presentes, aun los más agudos críticos de la administración saliente, se pusieron de pie y aplaudieron a rabiar. En ese momento quedaron fincadas las esperanzas de los yucatecos en que por fin un valiente mandatario le haría justicia al pueblo y castigaría a todos aquellos funcionarios corruptos del Orteguismo, incluida ella misma.

Zapata Bello sabía que el gobierno al que sucedía le había fallado al pueblo. El PRI, con Ortega Pacheco al frente, había mostrado a los yucatecos el rostro de la corrupción, el desorden, el protagonismo y todos los vicios que desde siempre se han achacado a ese partido político y que tan bien conocen los mexicanos. Por esto dijo: “Ya no es tiempo de pedirle a la ciudadanía, ahora es tiempo de empezar a entregarle resultados y cumplir la palabra empeñada” (Ibíd.) Y también dijo: “Estoy consciente de las elevadas expectativas que hay sobre mi gobierno, el que hoy inicio. Asumo plenamente cada expectativa, las individuales y las colectivas. Asumo el reto plenamente. Lo hago con la conciencia de que no les puedo fallar. No les voy a fallar” (Ibíd.).

Hasta hoy Zapata Bello no ha cumplido entregando los resultados contundentes que un sano gobierno debe dar. Las expectativas que de su gobierno se esperan tampoco se han cumplido. Dijo que no iba a fallarle al pueblo y le ha fallado. Y, peor, grande ha sido la decepción de la sociedad al no cumplir el compromiso -principalísimo- que hizo de combatir la corrupción. A esto debe agregarse la impunidad en que se incurre al no perseguir a quienes delinquen en ejercicio de un cargo público.

Quizá Zapata Bello haya hecho mucho por Yucatán -es su obligación, no una opción- en este poco más de un año de su administración. Bajo el lema “Construimos el futuro, garantizamos el bienestar” ha publicitado haber entregado 10,000 computadoras a estudiantes de bachillerato; otorgado más de 48,000 becas; generado más de 15,000 empleos; impulsado la creación de 1,400 nuevas empresas, incrementado la inversión en obra pública un 72% y muchas acciones adicionales. Puede que todo lo anterior sea verdad. Pero si el gobernador no cumple la acción más importante y esperada de combatir la corrupción del quinquenio saliente, todo lo demás que haya hecho, aun relativamente beneficioso para el pueblo, es basura, paja seca, cosa sin importancia. Puede que Zapata Bello no haya comprendido que los yucatecos estamos hastiados del desprecio de sus gobernantes, del abandono al Estado, de los ineficientes servicios públicos, la mala administración, de los latrocinios cometidos y las demandas presentadas, desatendidas todas. ¿Piensa el gobernador quedar embarrado de la inmundicia que su predecesora dejó?

En lo que se considera una burla a la ciudadanía, libres van por las calles señalados funcionarios: 1.Alejandro Menéndez Bojorquez, acusado de haberse enriquecido ilícita, veloz y descaradamente desde la Secretaría a su cargo, donde operaba con recursos de la dependencia que nunca llegaron a sus supuestos beneficiarios. 2.Ivonne Ortega Pacheco, acusada de nepotismo, del abandono de su cargo, de haber dejado sin un peso las finanzas del Estado por haber desviado sus recursos y de endeudarlo. 3.Angélica Araujo Lara, a quien, aunque no fue parte del gabinete estatal, el Poder Judicial ha protegido impidiendo que se dé curso a las demandas en su contra, por las que es acusada de varias actividades sospechosamente ilícitas, las que sería ocioso enunciar aquí por sabidas.

Si el gobernador no ha querido combatir la evidente señalada corrupción de la administración que recibió, lo que ofreció hacer porque sabía que era la más importante exigencia de la sociedad, cómo creerle ahora lo que dijo el pasado domingo en el sentido de que: “A un año de distancia puedo afirmar que he vigilado cabalmente la honestidad de mi gobierno, misma honestidad que exigiré en todo mi mandato a quienes colaboran conmigo” (Diario, enero 20, 2014). Esperemos que la vigilancia haya sido y sea efectiva. Sin embargo, esto está por verse. Insistentes rumores apuntan a que la realidad es otra.

Así las cosas, ¿continuará el gobernador ignorando el clamor popular? ¿Por qué este gobierno no habrá de hacerse de la vista gorda de la posible corrupción de sus funcionarios, si da impunidad a los funcionarios de la administración de Ivonne Ortega Pacheco? ¿Qué no son todos priistas, cómplices en consecuencia?

Entiéndase. México padece del cáncer de la corrupción.

En tanto no se le extirpe, ningún remedio servirá.

¡No al olvido del 4 de julio!- Mérida, Yucatán.

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*) Ciudadano. Abogado y notario público. Tanatólogo. Cónsul honorario de Holanda

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