El circo de la política

Marcelo Pérez Rodríguez (*)

Trapecistas y prestidigitadores

A muchos les gusta el circo, sea por los trapecistas, los acróbatas, los payasos, los magos o prestidigitadores, pues nos divierte, nos hace reír y pasar un momento de alegría desbordante.

Hay circos grandes y pequeños, de una, dos o tres pistas, pero todos están encaminados a sorprender y divertir al espectador con el buen humor de los payasos, la magia de los ilusionistas, las acciones de los trapecistas, la destreza de los bailarines en el hielo, pues también hay pistas congeladas, y las múltiples sorpresas que ese mundo ofrece.

Muchas veces, por el actuar de políticos, funcionarios y autoridades, la política se parece a un circo. Hay quienes nos divierten con sus puntadas de buen humor, sus discursos soporíferos o confusiones al enredarse con algunas palabras o autores de libros. Otros nos sorprenden con sus habilidades para mantenerse tantos años en un puesto o cambiar de una posición a otra.

Esos son los trapecistas, hábiles políticos que hacen de las suyas para mantenerse en la gran carpa y vivir de las cuotas del espectador. Hay quienes se mantienen en un solo circo durante años, hasta el envejecimiento o jubilación, o cambian de carpa, de escenario. Así, se cambian de camiseta las veces que deseen, de acuerdo con la conveniencia, el pago y los arreglos a que lleguen.

Por lo general, los magos nos sorprenden y nos dejan boquiabiertos por el manejo espectacular de las manos. En el caso de ellos, es más rápida la mano que la vista del espectador. En ocasiones tratamos de descubrir el truco al desaparecer la carta, el conejo, la cuerda, el vaso de agua o la flor, pero no podemos. Mejor aplaudimos y esperamos otro manejo de la mano.

En política hay prestidigitadores hábiles con las manos y con trucos para desaparecer el erario y aparecen contratos, compras y arrendamientos “legales”, todo en orden, mientras las cantidades de dinero se esfuman con una rapidez increíble y los espectadores quedamos sorprendidos y anodadados.

A veces se trata de descubrir los trucos y se solicita o demanda la ayuda de especialistas en el ramo, pero muchas veces éstos se niegan a participar en las investigaciones, pues no desean que quede al descubierto ese manejo profesional de las manos. Como secretos de profesión, esa habilidad prestidigitadora queda archivada, buscando que al público se le olvide y mejor esté pendiente de otro número circense.

El circo divierte, se pasa un rato agradable en él y nos olvidamos de preocupaciones y problemas económicos por unas horas, pero en el circo político no tanto. A veces nos irritan, decepcionan o sorprenden las acciones de tantos políticos, funcionarios y diversas autoridades que no desean dejar contento al público.

En vez de actuar con responsabilidad y profesionalismo, abusan del puesto y derrochan mucho del erario, sea para el beneficio personal o en obras que no benefician a la población. Si hay denuncias contra algunos funcionarios o ex funcionarios éstos responden que son distractores o un “cirquito mediático” que tratan de crear para distraer a la gente, son falsedades, acusaciones sin sustento jurídico. Hay de circos a circos. Existen los que nos divierten y nos llenan emocionalmente, y otros que nos esquilman, abusan de nuestra confianza y donde trapecistas, acróbatas y prestidigitadores se ofenden cuando se les reclama su falta de profesionalismo y responsabilidad con los espectadores.- Mérida, Yucatán.

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*) Profesor de la Universidad Pedagógica Nacional

En política hay prestidigitadores hábiles con las manos y con trucos para desaparecer el erario y aparecen contratos




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