El burro hablando de orejas

El burro hablando de orejas

Daniel J. Carrillo Polanco (*)

El despilfarro

Mucho se ha hablado de la “necesidad” de que Yucatán cuente con el tren transpeninsular que, según información difundida, este “gran proyecto” tendría un costo de $22,725.455,400, una cifra que equivale a todo el presupuesto que le corresponde ejercer al Ejecutivo del Estado para todo un año.

¿Es una necesidad real para los yucatecos? ¿Es algo que se tiene que hacer aun cuando los yucatecos no la perciban como necesaria? ¿Es una necesidad sentida? Es decir, ¿es algo que los yucatecos demandan con urgencia porque es primordial para su bienestar? Me parece que tener un tren de esa naturaleza no es necesidad real y menos sentida.

Los yucatecos podemos seguir viviendo sin el tren y no pasará nada. Lo que nos debe llamar la atención es el millonario dispendio que habrá al ejecutar un proyecto de esa naturaleza, que hoy por hoy no figura en el listado de prioridades reales y sentidas.

El tren transpeninsular es un capricho de hacer una obra faraónica más, igual que el Gran Museo Maya, que conllevará un megadespilfarro de miles de millones de pesos.

¿Es que ya se resolvió el problema de la pobreza en el Estado? ¿Acaso la pobreza no debería ser el tema que encabece la lista de prioridades gubernamentales? ¿Ya dejó de ser una necesidad real, ya no es una necesidad sentida? ¿La atención a la salud ya está solventada al 100%? ¿Ya no hay personas que precisamente por ser pobres tengan que esperar por horas en los pasillos de los hospitales públicos? ¿La educación ya alcanzó los niveles mínimos requeridos? ¿Y la falta de empleo bien remunerado ya se solucionó?

¿Será que las autoridades estatales y federales no se han dado cuenta de que en unos años las mismas estrechas calles de Mérida se verán saturadas de vehículos, que año tras año aumentan de modo exponencial? ¿Quién ha pensado en un proyecto para anticiparse a esta bola cantada? ¿No se debería invertir en la solución de un problema real?

Y si vamos por las carreteras estatales y federales nos damos cuenta de que hay kilómetros que hace mucho dejaron de recibir atención y representan un peligro para quienes tienen que viajar de un lado a otro. Esto lo constatamos al viajar a Xkalakdzonot, comisaría del municipio de Chankom: para llegar a esa comunidad hay que sortear un sinnúmero de baches en 30 kilómetros.

La grandeza de un proyecto no depende del costo y de lo deslumbrante que pueda ser, sino del bien común que pueda representar y, sobre todo, porque implique la solución de problemas reales y sentidos. Antes de insistir en cualquier obra faraónica como el tren transpeninsular hay que pensar en la pobreza, en la salud, en el empleo y en la mejora de la infraestructura básica, o en la solución de algún problema real que afecte a los ciudadanos.

El carnaval de Mérida

Los mismos que se entercan en impulsar los megadespilfarros del dinero del pueblo en obras faraónicas e inútiles toman como bandera un supuesto despilfarro de $16 millones para mejorar el carnaval de Mérida.

A mi parecer, se trata de una inversión que beneficia a todos. En esta ocasión, gracias al cambio de sede la ciudad no se vio afectada por alambrados antiestéticos, toldos horribles, destrucción de plantas, bochornosos espectáculos de gente alcoholizada en calles céntricas y, sobre todo, nadie tuvo problemas por el congestionamiento vial. El turismo está de beneplácito. Se invirtió en algo que sí resuelve a miles de meridanos muchos graves problemas. El festejo sigue, sólo que ahora con más seguridad y mucho menos molestias. Compare y vea dónde está realmente el despilfarro.- Mérida, Yucatán.

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*) Maestro en comunicación política y marketing electoral, y consejero estatal del PAN




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