De Venezuela a Yucatán

De Venezuela a Yucatán

Por Antonio Salgado Borge (*)

 Principio de no contradicción

Todo lo excelso es tan difícil como raro -Baruch Spinoza, filósofo holandés

Es comúnmente aceptado que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y bajo las mismas circunstancias. Para ejemplificar este principio, tan sólo se requiere del más elemental sentido común: pocos consideran que sea posible en forma simultánea ver llover y no llover, estar vivo y estar muerto, leer este escrito y no leerlo.

A pesar de que las teorías y experimentos que en el último siglo se han producido en el campo de la física cuántica obligan a revisar a detalle su incontestabilidad o los alcances de este axioma, denominado principio de no contradicción, a éste le solemos atribuir un carácter de verdad indiscutible; por lo que forma parte del marco conceptual fundamental mediante el cual articulamos nuestra lectura del mundo.

Ante los más recientes eventos acontecidos en Venezuela, una buena cantidad de yucatecos se ha manifestado a través de las redes sociales contra el presidente Nicolás Maduro y a favor del líder opositor Leopoldo López. Me parece que este caso puede resultar ilustrativo de la forma en que el principio de no contradicción constituye una importante limitante y pierde su sentido lógico cuando nos alejamos del campo de las proposiciones y entramos al terreno de los escenarios complejos.

Y es que el autoritarismo, la represión injustificable, la inseguridad, la carestía y las estupideces que suelen inundar el discurso de Maduro -la más reciente fue calificar a López de fascista- vuelven tentador satanizar no sólo al personaje, sino a todo el sistema económico y social que su gobierno malrepresenta. Como bien se ha podido demostrar en otros países, los componentes socialistas no están peleados con la democracia, la libertad o el desarrollo económico; es decir, que Maduro sea un pésimo presidente no invalida por completo el espíritu de un proyecto que le trasciende.

Otro de los anzuelos que abraza la carnada de la contradicción es el sesgo producido en el manejo mediático del conflicto, que ha rebasado a los medios tradicionales y que se ha instalado, con una intensidad quizás inédita, en el contenido generado para las redes sociales.

Vayamos por partes. Para nadie es un secreto que, con el pretexto de erradicar los efectos del intervencionismo norteamericano y los intentos de desestabilización patrocinados por los grandes capitales -algunos de ellos afectados seriamente por el proyecto económico venezolano-, desde el gobierno de Hugo Chávez el gobierno de Venezuela ha intentado censurar o silenciar a los medios de comunicación que le resultan adversos.

Sin embargo, a pesar de ser repudiable, la obsesión chavista por acallar a todos sus críticos en su afán de desterrar cualquier rastro de intervención norteamericana no carece de fundamentos: tan sólo durante los últimos 15 años Estados Unidos ha destinado centenares de millones de dólares para apoyar a la oposición Venezolana (“The Guardian”, 18/02/2014) y es claro que los criterios empleados por nuestro vecino del norte para seleccionar los objetos de sus afectos distan mucho de estar basados en un humanismo desinteresado.

Por otra parte, diversos vídeos circulan a través de las redes sociales pretendiendo “explicar” la situación de Venezuela en unos cuantos minutos. En realidad, al menos en la mayoría de los casos, se trata de compendios de imágenes -muchas de ellas crudas e indignantes- de manifestaciones y represiones sin contexto ni historia que les acompañe. Si bien es altamente probable que buena parte del contenido de estos vídeos sea actual y corresponda a hechos ocurridos en Venezuela, también es muy posible que existan algunas ediciones cuyas imágenes provienen de otros lugares o momentos.

Finalmente, mientras que algunos conciben a Leopoldo López, un personaje carismático y articulado, como una especie de redentor de los estudiantes de clases medias venezolanas, y consideran a Maduro un vil represor y un dictador que ha llevado a su país a la ruina, otros ven en López la mano de Estados Unidos y de poderosos intereses que buscan reinstaurar el dominio de la oligarquía y descarrilar el proyecto socialista que el actual presidente encabeza. Estas versiones no son, de ninguna forma, excluyentes.

La densidad de ciertos temas, aunada a la subjetividad del espectador y a nuestra propensión -de origen místico- a clasificar a los hechos y a las personas en absolutamente buenos y absolutamente malos, distorsiona nuestra comprensión plena de eventos que exigen un análisis crítico y multidimensional. Guiados por este afán “simplificacionista”, podríamos tomar como absolutas las condiciones del pequeño pedazo de la realidad que resulte más a la mano y cerrar las puertas a la complejidad.

Venezuela se encuentra a muchos kilómetros de nuestro estado y la posición que los yucatecos podamos tener al respecto es prácticamente inocua para la vida en nuestro estado. El problema es que la misma lógica empleada para fijar una postura con respecto a lo que ocurre en este país podría contaminar la comprensión de las implicaciones, éstas sí muy directas, que algunos de los eventos que acontecen en la esfera nacional y local pueden tener en nuestras vidas.

Es cierto: nuestra tendencia natural a simplificar lo complejo, además de ahorrarnos tiempo y esfuerzo, es muy útil para tomar decisiones inmediatas. Empero, ésta nos puede llevar también, en el peor de los escenarios, a aceptar las verdades parciales de personas o de proyectos que se exhiben como contradictorios y que satanizan a su adversario con el fin de hacerse de nuestra confianza.- Mérida, Yucatán.

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@asalgadoborge

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*) Maestro en Estudios Humanísticos (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida




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