De política y otras cosas

De política y otras cosas

Catón

Me preocupa el hecho de que haya quienes aprueben, y aun aplaudan, la existencia de los llamados grupos de autodefensa, o defensas comunitarias. Cuidado con tal complacencia. Esas bandas de hombres armados vulneran el principio básico según el cual el Estado es el único que puede detentar fuerza legítima dentro de un territorio establecido.

La existencia de grupos armados así a nada bueno puede conducir, y más temprano que tarde dará origen a toda suerte de problemas. Por otra parte, no está claro su origen, y menos aún se conocen sus fuentes de financiamiento. ¿Quién los dota del armamento que usan, moderno y de alto costo? ¿A quién obedecen, y qué estructura tienen? Los que forman esas defensas comunitarias deben ser desarmados y quedar reducidos a su estricto papel de ciudadanos. Admito que los tres niveles de autoridad -federal, estatal y municipal- han fallado en su tarea de garantizar a los particulares el ámbito de seguridad que necesitan para vivir y trabajar en paz.

Pero tal cosa no significa que éstos puedan hacerse justicia por su propia mano. Eso conduce a la anarquía, al caos. No se dé trato de héroes a los integrantes de esos grupos armados, ni a quienes se ostentan como sus voceros.

Se han apartado de la legalidad, y como violadores de la ley deben ser tratados. Eso sí: su presencia ha de servir de recordatorio a las autoridades para que no se olviden del deber que tienen de restablecer el dominio del Estado ahí donde se ha perdido, ya a manos de los delincuentes, ya por la acción de esas defensas comunitarias. [email protected]




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