De política y cosas peores: el tráfico de drogas

De política y cosas peores: el tráfico de drogas

Catón

La Hidra de Lerna se llamaba aquella monstruosa criatura. Era una especie de serpiente anfibia que vivía en el lago de Lerna, en la Grecia antigua.

Tenía siete cabezas. Si le cortaban una, esa cabeza se multiplicaba en otras tantas, de modo que era imposible acabar con el terrible monstruo. Hércules le dio muerte cortándoselas todas a la vez.

El tráfico de drogas es una especie de hidra. Cuando una cabeza se le corta, de inmediato surgen otras que toman su lugar. Cuando un capo es capturado, al punto salen otro u otros.

Mucho dinero, muchísimo, hay en ese ilícito comercio, y cada vez habrá más, pues el número de consumidores, lejos de disminuir, aumenta cada día, sobre todo en Estados Unidos, país en que las drogas, aun las de mayor peligrosidad, son artículo de consumo diario para muchos. La guerra contra los traficantes seguirá siendo, entonces, un trágico cuento de nunca acabar, una batalla interminable que la ley tiene perdida de antemano.

Se dice que la historia es la maestra de la vida. Lejos de mí la temeraria idea de negar esa clásica aseveración, pero me temo que en todo caso es una infeliz maestra a la que nadie toma en cuenta y cuyas enseñanzas caen en el olvido.

¿Por qué los gobiernos no recuerdan una lección al mismo tiempo trágica y sencilla, aquella de la prohibición del alcohol que en los principios del pasado siglo se implantó en el país del Norte? Ese nefasto experimento trajo consigo una ola de violencia y crímenes que sólo terminó cuando la tal prohibición fue suprimida.

¿Por qué no se aplica esa experiencia al caso de las drogas? Dejo en el aire la pregunta. (Seguramente ahí seguirá).

¡Mañana! Sí, mañana a las 11 horas presentaré en la Feria del Libro del Palacio de Minería mi obra más reciente, “La guerra de Dios”.

Trata de la rebelión cristera, uno de los más cruentos conflictos en la historia de nuestro país. El relato de las terribles cosas que ahí se vieron es apasionante. Te espero a ti, que eres uno de mis cuatro lectores. Nos encontraremos en ese bello sitio de la ciudad de México y celebraremos ahí nuestro encuentro con esos buenos amigos que los libros son.- Saltillo, Coahuila.

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