De política y cosas peores

Catón

Hay una pregunta que me inquieta: ¿tiene madre la Constitución? Espero que la tenga, pues entonces podré decir en tono contundente: “Tantas reformas ha sufrido la Constitución que no la reconocería ni la madre que la parió”.

Por verdadera esa frase merece ser inscrita, si no en bronce eterno o mármol duradero, sí por lo menos en plastilina verde. Mientras las leyes máximas de otros países permanecen ínsitas, impertérritas, impávidas, incólumes e integérrimas, la nuestra se mira más parchada y recosida que calzón de pobre.

Tantas y tan nimias prescripciones se le han introducido, que más que Carta Magna parece ley secundaria, o reglamento. Además, la Constitución contiene no pocas disposiciones anticonstitucionales, quiero decir violatorias del espíritu original del Constituyente.

Y eso no es lo más malo. Lo peor es que la norma fundamental es violada en modo tan sistemático y continuo, que ha acabado por ser letra, si no muerta, por lo menos bastante desmayada. ¿Qué celebramos entonces este día? Nada. O, en el mejor de los casos, celebramos la sombra de una sombra.

Cualquier ceremonia que en esta fecha se haga será, como la mayoría de los actos oficiales, ocasión hueca, formalismo, mero cumplimiento (de cumplo y miento). Por eso he preguntado si tiene madre la Constitución. Y otra pregunta me hago: ¿cuál es la capital de Dakota del Sur?…- Saltillo, Coahuila.

armandocaton@gmail[email protected]




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