De política y cosas peores

Catón

Si se trata de las relaciones entre Canadá, Estados Unidos y México, para las dos naciones que tenemos al Norte nuestro país está muy lejos de ser el hermano menor al que se ha de ayudar: es el vecino débil al que se le puede hacer bullying.

Más allá de la diplomacia, que muchas veces consiste en tratar de cortarle los dídimos o testes al interlocutor sin que éste se dé cuenta, de esos desiguales tratos deriva siempre para nosotros una lección que al parecer no hemos aprendido todavía: debemos aprender a rascarnos con nuestras propias uñas, si me es permitida esa ática expresión.

La única mano que puede ayudarnos es la que está al final de nuestro brazo.

Si los mandatarios de esas poderosas naciones vienen a la nuestra no es para ver qué pueden dar, sino para ver qué pueden sacar de un país cuya riqueza es la que natura puso en él, no tanto la que los hombres han creado con su trabajo.

Cantó el inmortal José Alfredo: “Yo p’arriba volteo muy poco; tú p’abajo no sabes mirar”. Contrariamente, nosotros tenemos siempre fija la mirada en nuestros vecinos del Norte, pidiéndoles lo que esperamos que ellos nos concedan -”Por favor, traten bien a nuestros paisanos”; “Por favor, no nos pidan visa para entrar en su país”-, y no tomamos en cuenta magníficos ejemplos que tenemos en el Sur, como el de Chile, que con el esfuerzo de su gente y el talento de sus gobernantes se dispone a entrar en el llamado primer mundo, en tanto que nosotros andamos ya -según el último reporte- en el mundo 236.

¡Malaventurado país el nuestro, tan pobre en administración y tan abundante en politiquería!…

Con lo anteriormente dicho queda cumplido por hoy mi deber de orientar a la República.- Saltillo, Coahuila.

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Nosotros tenemos fija la mirada en nuestros vecinos del Norte, pidiéndoles lo que esperamos que ellos nos concedan…




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