De Aurora a Newtown

José Enrique Gutiérrez López (*)

El  hombre en crisis

Nuevo episodio de locura aterroriza a los Estados Unidos.

Tras matar a su madre, Adam Lanza, de 20 años de edad, portando dos pistolas y un rifle de asalto, se dirigió a la escuela primaria del poblado donde vivía, Newtown, Connecticut, de apenas 27,000 habitantes, donde ultimó a balazos a 20 niños de entre cinco y 10 años de edad, y a cinco maestras. Después se suicidó. Todas las víctimas recibieron cada una entre dos y 10 disparos.

Esta matanza sanguinaria y despiadada es similar a la de Aurora, Colorado, de julio de 2012, perpetrada por James Holmes, de 24 años de edad. Ahí murieron 12 personas y fueron heridas 59. Holmes llevó un fusil semiautomático, una escopeta y una pistola.

En los últimos 15 años más de 20 tiroteos fatales se han dado en los Estados Unidos. ¿Esto ocurre por la permisividad en el tener y usar armas? ¿Es una cuestión psicológica, social, cultural? Como sea, este país no es el único en el que la sinrazón, la violencia y el odio se han apoderado de las calles en sus ciudades: en Noruega, 92 personas fueron asesinadas por Anders Behring Breivik; en México cada día aparecen cabezas sin cuerpo y cuerpos mutilados con huellas de tortura a consecuencia de la “guerra contra el narcotráfico”, en la que los ciudadanos hemos quedado atrapados. Colombia, Guatemala y Brasil sufren de este mal. Sobra dar más ejemplos; quien lee sabe.

La barbarie rige ya la vida de los pueblos sin distingos de ninguna clase: “Cada minuto una persona muere víctima de la violencia armada. Los conflictos a nivel mundial no cesan y cada día surgen nuevas contiendas que provocan miles de muertos, heridos, desplazamientos y destrucción” (Paz y Conflictos Mundiales. Azucena García, 2006). Aunque parece ser que de nada ha servido, ya que es notorio el deterioro exponencial de la conducta del hombre, la ONU estableció el 21 de septiembre como el “Día Internacional de la Paz”.

¡Qué bajo ha caído el ser humano! ¡Qué poco le queda de esa original humanidad (¿?) que se supone tenía! Ahora las fieras tienen un comportamiento más “ético” que nosotros: matan sólo por instinto y en la cantidad suficiente para satisfacer sus necesidades y las de sus crías. El hombre mata por crueldad, por odio racial, o xenofobia o por la razón que es o la que no es. Como personas, presumíamos ser honestos, respetuosos, compasivos, bondadosos, altruistas, tolerantes… y teníamos muchas más cualidades que nos distinguían de las bestias. ¿Y ahora?

¿Qué nos ha pasado? ¿Será que realmente somos los supremos habitantes de este planeta o en realidad vivimos la ilusión de ser lo que no éramos y ahora mostramos el cobre? ¿Por qué razón el hombre se ha permitido hoy dejar de ser un animal racional para convertirse en un animal rabiosamente irracional? ¿Cómo es posible que alguien pueda mirar a los ojos a un semejante y lo mate -con el instrumento que sea- porque sí, así nada más? ¿Qué pasa por la mente de un hombre -niño, adolescente o adulto- que sale a la calle a “cazar” a sus semejantes? ¿Qué no se supone que el hombre es el rey de la creación que dio nombre a todos los animales de la Tierra?

¡Estamos mal! Las modernas sociedades han embrutecido al hombre hasta convertirlo en un ente consumista guiado por la moda, el “prestigio”, el qué dirán, una falsa religiosidad, ser millonario y poderoso, el más galán -mientras más musculoso mejor- y la más hermosa -mientras más flaca mejor- y, desde luego, quien más “salga” en las revistas de sociales. Se nos ha inflado tanto el ego, el “ser en sociedad”, que el yo ha quedado sepultado bajo toneladas de pensamientos vanos, de acciones intrascendentes, de palabras vacías y cerebros embrutecidos por nimiedades. Ya no se reflexiona. ¡El hombre-sabio-íntegro ha desaparecido!

¿Habrá que irse a la Historia para recomponer el entramado social mundial?

Walter Riso, en su libro “El camino de los sabios”, nos recuerda que el hombre sabio -según los antiguos griegos- es aquel que actúa y vive conforme a cinco principios filosóficos: “La coherencia como forma de vida; practicar lo que se predica; ocuparse de sí mismo; la tranquilidad del alma; la autosuficiencia del sabio y vivir conforme a la naturaleza”. Estos “principios de vida… aunque han soportado las vicisitudes del tiempo y los avances científicos, permanecen en los imaginarios colectivos como saber que no se agota y que pugna por expandirse. Para la mayoría de las escuelas antiguas, estas premisas generales constituían un andamiaje sobre el cual construían sus proyectos de vida. Para nosotros son una orientación, un motivo de reflexión o quizás una manera de recuperar el camino perdido”.

¡Debemos reencontrarnos! Si no lo hacemos, nos extinguiremos. ¡No al olvido del 4 de julio!- Mérida, Yucatán, diciembre de 2012.

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*) Ciudadano. Abogado y notario público. Tanatólogo. Cónsul Honorario de Holanda




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