Crítica y tolerancia: libertades liberadas

Carlos Luis Escoffié Duarte (*)

Hojas en el cenicero

Esta semana, Maria Alyokhina y Nadezhda Tolokonnikova, ambas integrantes de las Pussy Riot, han recibido una amnistía para salir libres. Queda en tela de juicio si el “perdón” otorgado realmente debiera serlo en lugar un reconocimiento de la desproporcionalidad con la que el Estado Ruso ha utilizado el sistema penal para coartar la libertad de expresión. Inevitablemente vienen a la mente casos nacionales como el del maestro Alberto Patishtán y el indígena maya yucateco Ricardo Ucán, ambos “perdonados” por crímenes que no cometieron. Si bien existe una clara diferencia entre estos y las Pussy Riot, poseen como común denominador el uso de la facultad de indulto para hacer frente a una exigencia nacional e internacional: no implica el reconocimiento de errores y arbitrariedades por parte de las autoridades, sino que se proyecta como un acto de “clemencia”.

Lo sucedido a las integrantes de las Pussy Riot ilustra el tipo de autoritarismo ejercido por Vladimir Putin en Rusia. Por supuesto, únicamente se trata del caso que, coyunturalmente, tuvo todas las posibilidades de ser catapultado mediáticamente, pero no el único. Vale la pena recordar, por ejemplo, el caso de Anna Politkóvskaya, periodista asesinada en Moscú el 7 de octubre de 2006 en circunstancias aún no aclaradas.

Politkóvskaya había realizado profundas investigaciones sobre los crímenes cometidos durante la Segunda Guerra en Chechenia por el Ejército Ruso bajo las órdenes de Vladimir Putin, entonces primer ministro de Rusia y candidato a la presidencia. La pesquisa realizada por ella sería confirmada por hallazgos periodísticos posteriores, entre los que destacan pruebas de que los atentados terroristas en Rusia atribuidos a rebeldes chechenos (y que servirían a Putin para justificar el inicio del conflicto) fueron realmente auto-ataques cometidos por altos mandos de la antigua KGB, agencia de inteligencia a la que Putin perteneció.

Pero más allá de una simple condena hacia el actual gobierno ruso, el caso de las Pussy Riot también nos confronta con una realidad ineludible: la libertad de expresión debe ser verdaderamente libre, aunque el ejercicio de ésta pueda incomodar. Pretender suprimir este derecho en aras de evitar disgustos, incomodidades o inconformidades nos posiciona en las antípodas de una sociedad tolerante e incluyente. Por supuesto que la libertad de expresión incomoda, sobre todo cuando uno escucha críticas hacia el sistema religioso, social, político y moral que uno sustenta. Pero así tiene que ser. Lo contrario sería decretar la intangibilidad hacia ciertos temas, instituciones, personas e ideas; lo cual -así lo ha demostrado la historia- nos lleva a circunstancias ajenas al estado de derechos que supuestamente anhelamos. Dentro de un marco de respeto a la dignidad humana del otro, por supuesto. Pero eso no tiene nada que ver con que la libertad de expresión pueda/deba ser eso: libre.- Mérida, Yucatán.

@hojasencenicero

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*) Pasante de la licenciatura en Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán

»Lo sucedido a las integrantes de lasPussy Riot ilustra el tipo de autoritarismo ejercido por Vladimir Putin en Rusia




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