Cosa de buenas y malas noticias

José Antonio Ceballos Rivas (*)

Montesol

Por una serie de compromisos apremiantes y un tanto cansado de encontrar prácticamente puras malas noticias, casi sin darme cuenta dejé de leer el periódico por un lapso que llegó a ser de poco más de dos meses.

Mi manera de estar “conectado con las noticias del mundo” durante ese tiempo fue la conversación diaria con un gran amigo y compañero de trabajo que, en honor a la verdad, está enterado de casi todo, no inventa nunca nada y posee un buen filtro para lo sustancial y lo importante. Así me la pasé durante ese tiempo, pensando que era una buena solución para evitarme tantas malas noticias de las que, inevitablemente, los periódicos tienen que dar cuenta.

Pero sucedió que un día le externé a este buen amigo -mi conducto al exterior- que planeaba visitar a un gran médico y maestro nuestro a quien he querido siempre -y sigo queriendo- y hacía mucho que no veía. Mi amigo simplemente me aconsejó:

-Mejor no lo visites.

-¿Y por qué? -pregunté yo.

-Porque falleció hace como un mes.

Me dolió mucho enterarme así de la ausencia definitiva de mi maestro. Saber que él ya se fue y que yo no sólo ya no podré visitarlo, sino que ni siquiera me enteré a tiempo. Ya no está y no lo supe. Doble amargura en un mismo trago.

Entonces pensé que si no hubiera suspendido la lectura del Diario, mínimo me hubiera enterado del fallecimiento del querido doctor cuando aconteció y no tanto tiempo después. “Tendré que volver a las noticias de cada día”, pensé.

Pero lo sucedido me sirvió para algo. Para indagar y reflexionar en lo que los periódicos son y en lo que significan. En los retos que enfrentan y para lo que sirven y, sobre todo, para aprender a leerlos sin buscar ni mucho menos creer hallar en ellos el rumbo de nuestra vida ni la razón de nuestra conciencia.

Por principio, recordé lo que un periodista respondía en una entrevista respecto de las malas noticias:

-A mí que me disculpen, pero si 100 barcos entran al puerto de abrigo y uno solo de ellos sufre un accidente, la noticia es éste y no los otros 99.

Así que, de entrada, tenemos que saber y que aceptar que las noticias que vamos a leer en los periódicos -o a ver en la televisión, escuchar en la radio, etcétera…- tienen que ver más con las alteraciones de la “normalidad” de la vida y del orden establecido, que con el cumplimiento de lo deseable y lo correcto. Por eso, lo que debe ser y es, lo bueno -por así decirlo-, casi nunca es considerado noticia. Por lo menos no de aquellas que se encienden como la pólvora y estallan como petardos.

Por si fuera poco, uno de los principales problemas a los que se enfrentan los periodistas y los periódicos es que, como bien dice el refrán, “Nada hay más viejo que el periódico de ayer”. O, como comenta el periodista Juan Carlos Nuñez Bustillos: “La gran noticia de hoy al día siguiente está en la jaula de los periquitos y nadie se ofende por ello”.

¿Qué hacer, pues, con algo tan efímero como una noticia? Si la gran noticia de hoy es el olvido de mañana, ¿qué hacer con ella?, ¿cómo recibirla?, ¿cómo entenderla?, ¿cómo asimilarla?

Fue así que, proveniente de diversos autores de reconocido prestigio y sus escritos sobre el periodismo, me hice una pequeña lista de conceptos que ahora me ayudan a leer las noticias bajo una perspectiva que me resulta útil y sin que agreda mis convicciones ni me estropee demasiado el estómago. A saber:

-Los periódicos, por principio, comunican noticias.

-Las noticias no existen, sino que se producen. Las crean los periodistas que van en representación del lector a la calle o a donde haga falta, al lugar al que éste no puede o no quiere ir, para que en su nombre vean, escuchen, huelan, pregunten, seleccionen, analicen, dimensionen, entiendan algo, valoren los acontecimientos con criterios periodísticos y luego se lo cuenten.

-La noticia no es el hecho, sino el relato de ese hecho, la interpretación narrativa de ese acontecimiento. Y esos relatos pueden ser o no, más o menos verdaderos o falsos, útiles o inútiles, interesantes o aburridos, justos o injustos. (Continuará).- Mérida, Yucatán.

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*) Escritor

»… De entrada, tenemos que saber y aceptar que las noticias que vamos a leer en los periódicos tienen que ver con las alteraciones de la “normalidad” de la vida…




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