Continuidad de los parques

Antonio Salgado Borge (*)

“Los parques de la Mérida colonial”

Discurso que pronunció su autor durante la ceremonia de presentación del libro “Los parques de la Mérida colonial”, del antropólogo Carlos Cámara Gutiérrez, el miércoles 22 pasado, en la Universidad Marista de Mérida

Cómo no decirse que a lo mejor alguna que otra vez la telaraña mental se ajusta hilo por hilo a la de la vida… -Julio Cortázar, escritor argentino

Los individuos son agentes intencionales que llevan a cabo sus proyectos en el tiempo a través del espacio. De acuerdo con el teórico social británico David Harvey (1998), las cualidades objetivas del tiempo y del espacio no pueden comprenderse independientemente de los procesos materiales de producción social. La representación de estos procesos materiales afecta nuestra forma de interpretar al mundo y la forma en que actuamos en el mismo; es sólo a través de la investigación de estos procesos que podemos fundar adecuadamente nuestros conocimientos.

“Los parques de la Mérida colonial”, el libro de Carlos Cámara Gutiérrez cuya presentación nos ha reunido esta noche, está destinado a convertirse en una pieza fundamental para la comprensión e interpretación de las prácticas espaciales y temporales de esta ciudad. A lo largo de 114 páginas, el autor logra enmarcar ambos factores, el espacial y el temporal, en el objeto de estudio que ha motivado su obra.

En el documento que hoy se presenta el lector no encontrará ni descripciones románticas ni lineales enumeraciones cronológicas relativas a algunos de los más importantes espacios públicos de esta ciudad. Desde los prolegómenos de su obra, Carlos Cámara nos anuncia el denso y profundo sentido de un pulcro y documentado trabajo de investigación, subrayando el carácter dicotómico de su objeto de estudio, al cual atribuye, por una parte, una función simbólica, producto del poder político religioso y social, y, por otra, una función de reproducción social, al tratarse también de áreas de convergencia, convivencia e identidad de vecinos.

Cada una de las 11 escalas que conforman la ruta de este texto representa un “mito realizado” y se manifiesta como un componente ideológico esencial de la reproducción social (Harvey, 1998). El preámbulo histórico que Carlos Cámara nos ha presentado en su introducción aparece ya como parte de un contexto colonial en el que los vencedores necesariamente manifestaban su poder social a través del dominio del tiempo y del espacio de forma simultánea.

Así, en la distribución de los más antiguos espacios públicos que Carlos Cámara estudia encontramos la impronta de las disposiciones de Felipe II para el trazado de las ciudades españolas en nuestro continente, y corroboramos las palabras de Harvey, quien postula que desde el trazado de los mapas del mundo se insinúa la posibilidad de formas de apropiación del espacio, ya que el trazo de los mapas no es ideológicamente neutral.

La investigación de Carlos Cámara nos permite, a través de información obtenida de diversas fuentes que él mismo define como “bibliográficas y hemerográficas, combinadas, enriquecidas con los testimonios de antiguos vecinos de los coloniales suburbios meridanos y cronistas citadinos” (Cámara, 2014, p.111) entender la forma en que los procesos de reproducción material, encarnados en cada uno de los parques y plazuelas a los que dedica su obra, modela la forma de interpretar el mundo de los usuarios de estos espacios a través de manifestaciones encarnadas en conciertos, procesiones, fiestas y mítines, presentes en el recorrido histórico en el que se transforma de cada uno de éstos.

Nuestro autor no se detiene aquí. Uno de los grandes méritos del libro que nos ha convocado es su multidimensionalidad. Así, capítulo a capítulo se explica la forma en que los parques y plazuelas estudiados se van convirtiendo gradualmente, a partir de su sentido original, en corazones que dan vida a diversas zonas y barrios de la ciudad. Las imágenes que nos presenta no son estáticas; éstas se articulan a través de un flujo permanente del que forman parte los diversos y heterogéneos personajes que han hecho uso de estos espacios públicos y que no sólo han sido modelados como individuos en buena medida por estos espacios, sino que han contribuido a la modificación de la vocación y de la dinámica de los mismos.

“Los parques de la Mérida colonial” son también presentados por Carlos Cámara como puntos de unión y espacios de encuentro entre vecinos para el ejercicio de la acción comunicativa. Me remito, con el fin de subrayar su trascendencia, al sentido en que el filósofo alemán Jürgen Habermas emplea este último término, mediante el cual representa las acciones humanas orientadas al entendimiento.

La importancia de la acción comunicativa radica en su indispensabilidad para la preservación del mundo de la vida, concepto que Habermas define como “una reserva de patrones interpretativos que se transmite culturalmente y que está organizado lingüísticamente (Sitton, 2011, p. 136). A través de la reproducción del mundo de la vida es posible preservar las condiciones para el mutuo entendimiento, generar solidaridad entre individuos y dar fuerza a las identidades individuales.

Algunas de las plazas coloniales estudiadas, como La Ermita de Santa Isabel, son, a juicio del autor, un “cruce de caminos que conducen a la eterna morada, resguardo de tranquilidad y quietud a la que la ‘modernidad’ aún no ‘invade’ totalmente”, otras como la Plaza de la Mejorada, “luchan por emerger del ambiente sombrío que la envuelve y adoptar la función original para la cual se le creó” (Cámara, 2014).

También se da cuenta detallada de rescates y mejoras recientes, y no tan recientes, que nos recuerdan el compromiso que tienen nuestras autoridades municipales de habilitar y de mantener espacios públicos de esta naturaleza que propicien el entendimiento mutuo entre sus gobernados para que estos sean capaces de preservar el significado conectando nuevas situaciones con la situación cultural actual; compromiso que es honrado, en una medida no menor, con publicaciones de esta naturaleza.

Es por ello que “Los parques de la Mérida colonial” es, en su sentido más profundo, una verdadera guía para los meridanos extraviados en el vaivén postmoderno. Con este trabajo de investigación, Carlos Cámara nos hace recordar, pruebas en mano, que en medio del nuevo ímpetu colonizador de los grandes centros comerciales que actualmente reconfigura nuestro espacio es posible encontrar un puente hacia la búsqueda de pertenencia y de sentido en aquellos espacios públicos donde aún podemos comunicarnos, entendernos y reconocernos.- Mérida, Yucatán.

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@asalgadoborge

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*) Maestro en Estudios Humanísticos (ITESM). Profesor y director en la Universidad Marista de Mérida



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