¿Conjura subversiva?

FREDDY ESPADAS SOSA (*)

“El Charras” (3) 

Otro momento definitorio del movimiento social es el 25 de marzo de 1974, fecha en que la burguesía yucateca, el gobierno del Estado, el corporativismo sindical y los aparatos propagandísticos del sistema dominante suscriben públicamente unos manifiestos de repudio total al movimiento estudiantil, obrero y popular que se desplegaba fundamentalmente en la ciudad de Mérida.

Es necesario señalar que a la fecha en que se publicaron estos pronunciamientos de las llamadas “fuerzas vivas” del sistema la intensificación del movimiento en demanda del esclarecimiento del crimen de Efraín Calderón Lara “El Charras” había ejercido tal presión pública y política, que el gobierno del Estado se vio obligado a admitir y poner al descubierto la total responsabilidad de la plana mayor de la Dirección General de Seguridad Pública y Tránsito del Estado, como puede apreciarse en la prensa de entonces. Sin embargo, el movimiento continuaba y se fortalecía, poniendo énfasis en la exigencia de la renuncia del gobernador Carlos Loret de Mola y en el total esclarecimiento del asesinato del “Charras”, demandando el castigo para los autores intelectuales del mismo.

El texto íntegro del desplegado del sector privado, que fue suscrito por los representantes y directivos de las cámaras empresariales, colegios de profesionales, etc., es el siguiente (Diario de Yucatán, 25 de marzo de 1974, p. 8):

“A LA OPINIÓN PÚBLICA: Ante las claras intenciones de subvertir el orden y la vida social que se observan hoy en el Estado, consideramos un deber fijar la posición de nuestras organizaciones y exhortar al pueblo yucateco a que reflexione sobre las consecuencias de un movimiento que, absorbido y dirigido ahora por profesionales de la agitación, pretende crear una situación anárquica.

“En una sociedad regida por leyes no cabe la actitud violenta ni mucho menos puede permitirse que las instituciones indispensables para su existencia sean puestas en peligro por grupos minoritarios que actúan al margen de la Constitución, que les proporciona los medios lícitos para expresar sus protestas.

“Manifestamos, por tanto, muestro apoyo decidido a las instituciones del Estado y a las autoridades constituidas que las representan, y sentimos como una obligación cívica la necesidad de que campesinos, obreros, agricultores, ganaderos, comerciantes, estudiantes, empresarios y profesionales, etc., comprendan que no se puede tolerar que grupos irreflexivos, sin medir las graves consecuencias de sus actos, inciten al caos y el desorden, sin el menor respeto a los valores esenciales en que descansa la convivencia.

“Vemos con tristeza, además, que ese mismo grupo minoritario, con los medios que tiene a su alcance pero amparándose en el anonimato, que es el refugio de los cobardes, desvirtúa la demanda de justicia por un crimen lamentable al desviarla hacia el camino delictuoso de la injuria, la difamación y la calumnia, en busca de la subversión, como lo demuestra el uso de lemas e ideas extranjeros totalmente ajenos a cualquier solicitud de justicia o auténtica inquietud estudiantil.

“Es imperioso, por todas estas razones, el retorno inmediato de la Universidad de Yucatán a sus fines de enseñanza, y que el sector estudiantil extraviado se reintegre a la sociedad, que, a pesar de sus imperfecciones, les ofrece los medios para superarse y renovarse en forma digna, pacífica y constructiva”.- (Continuará).- Mérida, Yucatán.

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*) Doctor en Educación, catedrático y ex director de la UPN en Mérida

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