Confrontaciones absurdas

Cholyn Garza (*)

Sentido común

Enarbolando la bandera de la “discriminación” grupos que se sienten afectados van avanzando en nuestra sociedad imponiendo sus ideas, sus conductas so pretexto de sentir vulnerados sus derechos.

Aunque la mayoría de la población no esté de acuerdo con tal o cual situación, ve limitada de cierta manera su participación porque quienes ejercen el poder se van por la ruta fácil: hacerle caso a las minorías al fin y al cabo son quienes salen a las calles, protestan, gritan consignas, reclaman “sus” derechos.

Aunque hay que mencionar que los derechos así como responsabilidades ya estaban establecidos en la Constitución.

Y si ya estaban en la Constitución y en los Códigos Civiles, ¿qué había que modificar? Lo único que se ha logrado es distorsionar, afectar y lo que es peor confrontar a los grupos sociales y provocar resentimientos y malas interpretaciones.

Eso es lo que deben entender los legisladores, que ellos están para promover y hacer leyes que redunden en beneficio del pueblo y de ninguna manera buscar con sus decisiones, confrontaciones absurdas e inútiles que a nada bueno conducen.

Cuando esto sucede, les debería dar vergüenza. Lamentablemente es lo que menos tienen. Cuando se legisla al “vapor” en lo oscurito o de una manera frívola al no imaginar siquiera las consecuencias de sus actos, es cuando nos preguntamos: ¿para esto les pagamos tanto a estas personas? ¿Cómo tener a alguien con sueldos elevados, prestaciones y beneficios adicionales si ni siquiera tiene la capacidad para legislar; y si lo hace es sin razonamiento alguno, sin evaluar lo que ya está legislado con lo que se pretende modificar?

Triste, ¿verdad? Sin embargo, aún es más lamentable cuando un gobernante califica de homofóbicos a todos aquellos que salen en defensa de la familia.

Las confrontaciones son absurdas e innecesarias. Y más viniendo del sector oficial, obligado a buscar el equilibrio, no sólo votos para las contiendas electorales.

La ley es interpretación, quizás por eso cada quien opina y la interpreta de diferente manera y la acomoda a conveniencia. Lo peor de todo es que al momento de hacer reformas o modificar artículos, nuestra Carta Magna queda como le conviene a quien promueve los cambios.

Que la Suprema Corte de Justicia es quien tiene la última palabra, de acuerdo. Sin embargo, habría que preguntarse por qué razón unos votan a favor, otros en contra y alguien más, se abstiene. ¿Es interpretación o no?

Nadie tiene la verdad absoluta, menos aún los políticos, algunos gobernando, otros, ocupando una curul. Qué tristeza da observar cómo han modificado a su arbitrio nuestra hermosa Constitución Política.

Con modificar códigos, artículos, se pretende -en teoría- respetar los “derechos humanos” de ciertos grupos. FALSO… ¿Qué hay de las mayorías? ¿Qué hay de la protección a los niños? ¿Qué hay de cuidar a la familia como institución?

Podrá decirse que ahora son “otros tiempos” y que existen “familias modernas”. ¡Wowwww! Estamos conscientes de que el tiempo sigue su marcha, no se detiene. Las modas son cíclicas, van y vienen; sin embargo, hay que aceptar que no a todos nos va; a veces sí, a veces no. La modernidad es un concepto creado y practicado en países supuestamente adelantados cuya sociedad está inmersa en un verdadero desorden.

Las confrontaciones, decía, provienen de quienes pretenden callar las voces que se elevan para defender la naturaleza humana. No se puede, mucho menos se debe ir contra Madre Natura. Defender el derecho de los niños a tener un hogar con un padre y una madre no es estar contra las personas homosexuales, no; entiéndase de una vez.

Hablar de homofobia -por no estar de acuerdo y no aceptar una decisión que favorece la adopción a parejas del mismo sexo- es absurdo. Como absurdo e inaceptable sería callar porque no somos capaces de defender nuestra postura, nuestro sentir y nuestra convicción.

No hay tal discriminación a las personas ni rechazo por las preferencias sexuales de cada quien, por supuesto que no. Quien trate de polarizar este tema lo que busca es crear confrontaciones que a nada bueno van a conducir.

Aunque también no hay que perder de vista que puede darse el caso de crear distractores de situaciones vergonzosas que nos competen a todos los ciudadanos de Coahuila. Me refiero a la megadeuda que nos heredó un grupo otrora privilegiado que nos defraudó a todos.

El ex secretario de Finanzas se entregó en San Antonio, Texas; su señor padre dice que Javier Villarreal es inocente. ¿Lo es? Sin adelantarnos a juzgar se me ocurre hacer varias preguntas. ¿De dónde obtuvo el ex funcionario los recursos para comprar propiedades millonarias en dólares en el vecino país? ¿De dónde salieron los más de dos millones de dólares que depositó en una cuenta en Las Bermudas? ¿Por qué reclama propiedades y dinero? ¿De dónde o quién va a financiar el pago a su abogado defensor, uno de los más caros en Estados Unidos?

Disculpe usted, estimado lector, pero no me queda claro la inocencia de quien nos llevó al desastre financiero; quizás porque mi fuerte no son precisamente los números y no me cuadra un sueldo en pesos con compras y depósitos millonarios en dólares.

¡Ah!, por supuesto que no es el único, debe haber más involucrados en el fraude.

Quizás sea un prestanombres pero el dicho popular lo dice: “Tanto peca el que mata la vaca, como el que le jala la pata”.

Así es que, señores diputados de Coahuila, en lugar de legislar sin razonar, presten más atención a un caso, el de la megadeuda, cuya factura nos la han pasado a los ciudadanos. Exijan cuentas sin importar que caiga quien caiga.- Piedras Negras, Coahuila.

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*) Escritora

»No hay que perder de vista que puede darse el caso de crear distractores de situaciones vergonzosas que nos competen a todos los ciudadanos de Coahuila




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