“Caí en un abismo, viví el terror…”

Luis Alberto Luna Cetina (*)

El milagro de Evangelina

Qué difícil creer que ocurriera un milagro en la vida de una mujer como Evangelina. Vivió alejada de Dios durante 26 años. Se olvidó de todo, padres, hermanas, empleo y hasta de sus cuatro tiernos hijos. Mujer bella en su juventud, el alcohol la atrapó a los 15 años y la convirtió en una piltrafa humana. Su primera borrachera fue con vodka y jugo de piña. La última, con licor barato que le hizo vomitar hasta la bilis.

“Caí en un abismo, viví el terror…”, recuerda.

Se embarazó y se casó. Se mantuvo abstemia cinco años. El alcoholismo se disparó después de su divorcio. Se sentía terriblemente sola. “No tenía respaldo de nadie”. Los compañeros y amantes de parranda le ayudaron a sobrellevar la pena.

La enfermedad avanzó gradualmente. Conservó trabajo y “amigos” unos años. “Tenía mi ‘cuartito’ de alcohol en el escritorio, le hablaba a mi jefe siempre de lado”. Sentía una falsa seguridad y trataba a sus hijos con desprecio. Intentaba lavarse la culpa con lo que podía comprarles, mientras le duró el trabajo.

Cayó bajo, muy bajo. Por alcohol y droga fue capaz de todo. “Regalé una hija”, susurra y en sus ojos asoma una infinita nostalgia.

¿Qué la hizo recapacitar, de dónde sacó fuerzas para reconocer su derrota y pedir auxilio?

Sentada en un sillón de la sala donde le devolvieron la vida, Evangelina evoca:

“Me vi al espejo. Estaba horrible, en un lugar nauseabundo. Me alisé el cabello y salí…”.

Fue a donde Miguel, un vendedor de jugos que le regalaba una copa si le barría el puesto. “Ya no aguantó más, voy a morir”, imploró. Miguel le dio un trago que bebió con desesperación y casi enseguida vomitó. Se fue dando tumbos. “En el camino me dio ganas de aventarme a un pesero”. Algo la frenó.., volteó al cielo y musitó: “Dios mío, ayúdame, ya no quiero vivir así”.

Aún sufrió la humillación de ser exhibida como ladrona por gente que la vio tomar un bastón y la golpeó sin clemencia.

A rastras, sucia y apestosa, con el cuerpo molido y el corazón hecho trizas, logró llegar a la estancia de Alcohólicos Anónimos. En la puerta vio a Pablo, el ángel que le pasó el mensaje de esperanza. Dos años consagró Evangelina a desintoxicar el cuerpo y el espíritu. Hoy es una mujer nueva, 12 años de sobriedad le han devuelto el gusto por la vida.

Evangelina comparte su historia con la esperanza de que alguna mujer como ella quiera cambiar el infierno por el cielo. Evangelina te espera en Jóvenes Mérida, grupo 24 Horas de Alcohólicos Anónimos, a una cuadra del parque de Mejorada, en la calle 57 No. 470 entre 52 y 52. Teléfono: 924-9690.- Mérida, Yucatán.

[email protected]

—–

*) Periodista

»Sentada en un sillón de la sala donde le devolvieron la vida, Evangelina evoca: “Me vi al espejo. Estaba horrible, en un lugar nauseabundo. Me alisé el cabello y salí…”




Volver arriba