Bonitas vacaciones

Gabriel Paz (*)

Silencios luminosos

Hacía mucho tiempo que yo no disfrutaba de unas vacaciones. Todos los días los tenía llenos de obligaciones y me pasaba ratos ideando un viaje hacia un bosque verde y florido. Descansar sobre el césped y admirar las flores silvestres.

Hasta que como una sorpresa sin buscarla se me presentó la bella oportunidad de salir de la ciudad.

Salir a otro pueblo y no hacer nada más que descansar, ver lo que me rodea y disfrutar de lo que hay en silencio, sin ruidos de motores escandalosos, inesperados y carreras porque no debemos llegar tarde ¿a dónde? A ningún lado. Unas vacaciones verdaderas juntas nuestras manos y miramos por aquí por allá descubriendo flores desconocidas, arbolillos que empiezan a crecer y una casita lejana apta para un cuento romántico.

Acostumbrados a los ruidos de la ciudad el silencio del campo se nos antoja cosa algo mágica.

¿Cuantos sueños caben en un instante de silencio?

Me gustaría contarlos. Los hay malos y buenos, pero en un ambiente verde y reluciente sólo caben los buenos.A veces cierro los ojos cuando estoy en mi cuarto y veo en el silencio de ese instante el bosque de mi alegría. No hay nadie, podría aparecer un buen jinete sobre un caballo blanco, un jinete soñador que buscara un riachuelo. El riachuelo es mío. El riachuelo es de todos y el caballero desciende de su blanco animal y me pide permiso para mojar las manos en el pequeño río.

Yo digo: Si el riachuelo también es de usted, no necesita permiso para jugar con su agua. Y así lo hace él. Siente un placer inexplicable: flores, césped, cielo azul, sol cariñoso, árboles, riachuelo.

El dice:

“Para mí ésto es la felicidad”. Yo digo: Sí.

Y los dos nos ponemos a jugar con el agua cantora y nos hacemos amigos. El bosque nos esconde y nos contamos historias que son sueños deseados.- Toluca, Estado de México

—–

*) Escritora


Volver arriba