¡Alégrense en el Señor!

Richard L. Clifford (*)

El toque humano

Tener gran cantidad de dinero sin duda nos alivia de las preocupaciones materiales. Además, hay quienes suelen comprar engañosamente el poder, la posición, la popularidad y la “importancia”.

Una cartera llena de plata no siempre es sinónimo de un corazón lleno de paz. Por el contrario, San Pablo afirma de los codiciosos: “El amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Hay quienes por codicia se han desviado de la fe y han llenado de sufrimientos sus propias vidas” (1 Tim 6, 10).

Esta verdad innegable es evidente en los extremos de crueldad que llenan el pensamiento y la actuación de narcotraficantes, ladrones, estafadores, malos políticos o cualquier otra persona seducida por las pasiones, los placeres y las posiciones que “da” el dinero.

El conocido economista Andrew Oswald, de la Universidad de Wallwirck en Gran Bretaña, afirma: “En realidad, la gente exagera acerca de cuanta felicidad se puede comprar con unos miles de dólares. Más bien, la calidad de las relaciones humanas tiene un efecto mucho mayor que grandes aumentos salariales”.

Siempre se debe reconocer, con mucho agradecimiento, a quienes nos dan ejemplos admirables con su manera de ser generosos con sus bienes, al contribuir, por ejemplo, con movimientos, fundaciones, becas, obras de bienestar social, etcétera, pues promueven el bien común y la atención a hombres y mujeres que carecen de medios para realizarse, según sus posibilidades.

Asimismo, las interesantes observaciones relacionadas con tener y el ser vienen precisamente promovidas en el tercer domingo de Adviento, tradicionalmente llamado “Domingo Gaudete” (el “¡Alégrate!”), pues las lecturas de la Misa nos exhortan a una prudente alegría cristiana, en anticipación a la venida del Señor (Introito, Epístola), de modo que reflexionemos hoy sobre esa alegría y esa paz de las que habla San Pablo, como verdadera preparación para la Navidad.

El ser humano busca con ansiedad la alegría y la paz, pues se sabe, por experiencia propia, que una trae a la otra. El que realmente siente tranquilidad del alma, en la experiencia de Dios, lo refleja en la gozosa aceptación de sí mismo y en las buenas relaciones con los demás.

Muchas veces la misma vida cristiana es considerada como demasiado austera, limitada, penitencial. Solemos identificar “santidad” con grandes sacrificios, prolongados períodos de recogimiento y perenne seriedad de actitud, demostrada en nuestro rostro y por nuestra personalidad, en general.

Alguien que goza bien de la vida es criticado por ser “demasiado humano”; sin embargo, una auténtica santidad es profundamente humana y demuestra su santidad en una personalidad que es alegre y gozosa. Esa actitud contribuye a generar esas buenas relaciones humanas que nos traen la felicidad.

Para la extensión de Su Reino, Cristo no quiere al criticón, ni al pesimista ni al antipático “santo cristiano”, tan concentrado en su propia perfección espiritual, que se aleja de toda naturalidad y de un atractivo espíritu de alegría.

Por eso, recordemos siempre en nuestro diario caminar la enseñanza que San Pablo nos ofrece: “¡Alégrense siempre en el Señor! Se los repito: ¡Alégrense! Que la benevolencia de ustedes sea conocida por todos”.- Nueva York, Nueva York.

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*) Misionero de Maryknoll, presbítero católico

Las citas

“La alegría es la piedra filosofal que todo lo convierte en oro”

-Benjamin Franklin (1706-1790)

Estadista y científico estadounidense

Proverbia.net




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